Aprueban el proyecto de conservación y restauración de las portadas de la Iglesia de San Mateo en Lucena

Se actuará sobre la Portada principal, Puerta de San Miguel Arcángel y Puerta de la Umbría dedicada a la Virgen con el Niño

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La Comisión de Patrimonio de la Delegación de Cultura y Patrimonio Histórico ha aprobado el proyecto de conservación y restauración de las tres portadas de ingreso de la Iglesia de San Mateo en Lucena; en concreto, la Portada principal, Puerta de San Miguel Arcángel y Puerta de la Umbría dedicada a la Virgen con el Niño, según ha informado la delegada, Cristina Casanueva.

Los sillares y elementos decorativos de piedra arenisca que componen las portadas se encuentran en mal estado, y presentan patologías derivadas de agentes como el agua, sales, factores climáticos, contaminantes o atmosféricos. El deterioro se refiere fundamentalmente al alto contenido de humedad en su núcleo; disgregación y arenización pétrea; fracturación y exfoliación de la piedra; erosión y alveolización de la misma; formación de biocostra; zonas de lavado por escorrentías de agua de lluvia; disgregación y pérdida del mortero de cal y de arena de las juntas; biodeterioro por afloración de microorganismos; materiales inadecuados, como cemento por intervenciones previas; manchas, suciedad y polvo adherido a la superficie; así como roturas. Como ha informado Cristina Casanueva, «según el informe de Cultura, no obstante estas patologías no afectan a su capacidad portante».

La delegada ha matizado que el proyecto contempla diferentes fases. Los trabajos previos incluyen colocación de andamiaje y estudio fotográfico. Asimismo se va a llevar a cabo una labor de limpieza general de tipo mecánico y superficial y lavado con aplicación de ácido clorhídrico y agua desmineralizada. Tras esta, se valorará el resultado obtenido y la necesidad de realizar una limpieza más profunda en las cornisas y elementos singulares, mediante eliminación de biocostras de microorganismos incrustados en la superficie porosa de la piedra, así como tratamiento de desinfección y preventivo con la aplicación de un fungicida y un biocida.

La fase de consolidación consiste en aplicar productos consolidantes, con objeto de endurecer el soporte pétreo; así como el saneado y reposición de mortero o retacado de juntas entre sillares que han perdido su masa de agarre o que presentan mal estado de conservación. Asimismo esta fase incluye la reconstrucción de volúmenes perdidos.

En base a los criterios de intervención y si fuera necesario para mejorar la lectura e interpretación de las portadas, los trabajos contemplarían la reconstrucción volumétrica puntual de las líneas compositivas de la decoración arquitectónica o la reconstrucción puntual de esculturas y relieves.

La fase de protección final frente a los agentes atmosféricos y biodeterioro, se realizará mediante la aplicación de un hidrofugante con algún aditivo biocida, aplicado mediante pulverización o impregnación de toda la superficie de las portadas, con objeto de disminuir la capacidad porosa de la piedra, permitiendo la transpiración de la materia base.

La última fase incluye un protocolo de mantenimiento tras la finalización de la intervención, con objeto de activar un proceso de conservación preventiva.

El proyecto cuenta con un presupuesto de 56.956,27 euros. El tiempo estimado para la ejecución de los trabajos de restauración es de 4 meses. El equipo de restauración está compuesto por una restauradora-directora, dos restauradoras y tres auxiliares de restauración y la colaboración del arquitecto de Patrimonio del Obispado.

Los trabajos de conservación previstos en el proyecto se basan en los criterios de intervención establecidos en las Cartas del Restauro a nivel internacional, siguiendo con la normativa nacional y autonómica en materia de intervención en el Patrimonio Histórico

Iglesia de San Mateo

Cristina Casanueva ha informado que «la Iglesia de San Mateo de Lucena está declarada Bien de Interés Cultural, con la categoría de Monumento e inscrita en el Catálogo General del Patrimonio Histórico Andaluz».

Se trata del templo mayor y mejor conservado de los que se edificaron a principios del siglo XVI en la campiña cordobesa. En el siglo XVIII se incorporó al edificio la Capilla del Sagrario, una de las más significativas obras arquitectónicas de esta tipología del Barroco andaluz. A los valores arquitectónicos del inmueble, que se implanta rotundamente en la trama urbana, hay que añadir la riqueza e importancia de sus bienes muebles, con piezas como el retablo mayor renacentista de Jerónimo Hernández y Juan Bautista Vázquez.

A los pies del templo, en la fachada principal, se abre la portada de San Mateo entre dos gruesos contrafuertes destinados a contener los empujes de las bandas de los arcos formeros. Esta portada, cuya traza se atribuye a Hernán Ruiz II, ofrece un ingreso en arco de medio punto decorado con grutescos y con medallones con bustos en las enjutas. El vano de ingreso se flanquea por pares de columnas sobre las que hay pequeños frontones con las representaciones de San Pedro y San Pablo. El conjunto se corona por un gran arco, a modo de venera, en cuyo centro se encuentra la representación escultórica del titular del templo.

Las portadas laterales revelan un estilo muy próximo a las obras de Hernán Ruiz el Viejo, dentro de la estética del Gótico humanista. La de la izquierda, llamada de la Umbría, está dedicada a la Virgen con el Niño, talla en piedra de la misma fecha, probablemente de un escultor de formación francesa. La de la derecha se dedica a San Miguel Arcángel y está reformada en las enjutas mediante el añadido de las Virtudes y el blasón de los Fernández de Córdoba fechado en 1544.

La Iglesia de San Mateo se sitúa en el centro neurálgico de Lucena que, desde la Edad Media, se articula por los dos edificios más dominantes y representativos intramuros: la propia Iglesia y el Castillo. Ya en la Edad Moderna se realizaron transformaciones parciales para embellecer y mejorar el trazado, con el ensanche de calles y la formalización de plazas. En concreto, la plaza Nueva se creó en el siglo XVI, para dar perspectiva a la Iglesia despejando su fachada principal. Desde entonces constituye el escenario de concentraciones religiosas, lúdicas y comerciales, con la presencia en sus frentes menores del edificio religioso y el Ayuntamiento.

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