«Prefiero ser un cerdo a ser un fascista». Porco Rosso

El zapato de Hrundi, una sección de cine de Alberto Armas

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Crítica de cine Foto: envato

Carpetazo. Terminada la época de premios con los Oscar celebrados el pasado 9 de febrero es hora de hacer un análisis de lo que este año ha sido y de lo que será para el séptimo arte, y así poner la mirada en las películas más importantes que nos llegarán durante este 2020 a nuestros cines o a nuestras plataformas domésticas (¿o es al revés?). 

Si hay algo por lo que este 2019 será recordado es por la cura de humildad autoimpuesta por los yankis,  más valiosa de lo que aparenta. Permitir la entrada en su olimpo a una película como Parásitos, la obra maestra de Bong Joon-ho, hace gala de una autocrítica que ya tocaba que llegase. Es cierto que años atrás premiaron como lo mejor, y durante varias galas, al trío mejicano Cuarón-Iñárritu-del Toro, tanto a sus films como a su labor en la dirección. «Es lo mismo», como dirían los geniales Martes y Trece. Pero no es igual. Salvo Roma, de Cuarón, derrotada por Green Book (sic), y que partía con la desventaja de venir de un lugar llamado Netflix, el resto son producciones estadounidenses. Es decir, un «yo me lo guiso, yo me lo como» en toda regla. Aunque parezca que no. Pero por fin, llegó el día. Ese día del que la película coreana nos habla. Ese día en el que la meca del cine abrió las puertas de su mansión para que unos individuos que vivían a su sombra se hiciesen los amos y señores.  Valió la pena. Y se veía venir. Parásitos es la obra más inteligente, bien filmada, entretenida, divertida, dramática y crítica de todas cuantas han pasado por nuestros ojos este último año. Y que dure. A un cine así, o al del mencionado triunvirato, no se le pueden poner barreras. Ni vallas. Y eso es digno de reconocimiento. A unos, y a otros. Si hay algo que el cine americano ha hecho bien durante toda su historia es integrar a las grandes figuras del celuloide. Hitchcock, Capra, Wyller, Chaplin, Wilder, Kazan, Lean, Forman, Polanski, o más recientemente, Mendes, el mencionado Cuarón, Sorrentino, Villenueve, Audiard, y ahora Joon-Ho. Bienvenido. 

«Lo único que pedimos los cinéfilos de a pie son grandes películas, vengan de donde vengan»

«Prefiero ser un cerdo a ser un fascista». Porco Rosso.  Si bien es cierto que el cine hollywoodiense nos ha regalado como siempre obras magníficas (y de más calidad que en años anteriores), como lo son Historias de un matrimonio, de Noah Baumbach; el Joker, de Todd PhillipsAd Astra, de James Gray, o Mujercitas, de Greta Gerwig, parece costarle encontrar a nuevas figuras que recojan el testigo de los maestros contemporáneos que continúan en activo, aunque no sabemos si por mucho más tiempo. Asistimos, por mal que nos pese, a los últimos coletazos de genios como Scorsesse (El Irlandés), Tarantino (Érase una vez en…Hollywood), Eastwood (Richard Jewell), o Spielberg (lo próximo, su versión de West Side Story). Tal vez sean los anteriormente nombrados los que estén llamados a seguir su estela, uniéndose a figuras ya consagradas como Wes Anderson (The French Dispatch, su última locura), David Fincher (Mank, para Netflix, sobre la vida del guionista de Ciudadano Kane), Christopher Nolan (Tenet, todo un misterio), o al gran Paul Thomas Anderson (que regresa este año con su nueva película al más puro estilo Boogie Nights). En cualquier caso, lo único que pedimos los cinéfilos de a pie son grandes películas, vengan de donde vengan, que disfrutar en nuestros cines o en nuestras plataformas. ¿O era al revés? 

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