Comer caracoles, la tradición cordobesa que continúa a pesar de la pandemia

Los vendedores luchan por salvar esta temporada aunque se hayan establecido restricciones horarias y de aforo

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Puesto de caracoles
Puesto de caracoles

Queda inaugurada oficialmente la temporada de caracoles 2021 con más ganas que nunca, puesto que el año pasado los cordobeses no pudieron disfrutar en las terrazas de este típico manjar que anuncia la llegada del buen tiempo. Sin embargo, también se vive con más incertidumbre, ya que la Covid-19 no deja títere sin cabeza. Así pues, la pandemia afecta a los 34 negocios que este año estarán repartidos por la capital, pero con restricciones horarias y de aforo.

María Cebrián lleva 31 temporadas vendiendo caracoles en el puesto Los Patos I y nos explica la importancia que tiene esta comida para la provincia. «A la gente le encantan los caracoles, es una cosa muy tradicional de Córdoba, viene gente de toda España y de fuera de ella para probarlo», y admite que «los caracoles le dan vida a Córdoba».

En Los Patos I, tienen cinco tipos de caracoles: en caldo, picantones, a la carbonara que son sin gluten y sin lactosa, la cabrilla en salsa y el caracol gordo en salsa. «Mi hijo también vende en otro puesto a espaldas del Campo de Fútbol Enrique Puga: los cuatro quesos, con callos, en salsa de almendras. Y lo mismo mi hija que está en la plaza de Vista Alegre. Así, los caracoles son negocio al que se dedica toda la familia, pero cada uno por su cuenta.

Sin embargo, a pesar de todas las variedades, el más vendido es «el de caldito», del que asegura que se venden dos ollas al día e incluso puede llegar hasta tres durante los fines de semana.

Por desgracia, la pandemia también ha afectado a este negocio tan conocido en Córdoba, cuando el año pasado la temporada de los caracoles sufrió el confinamiento. «La pandemia el año pasado fue una ruina total porque nos cerraron a los 15 días de estar abiertos. El mes de marzo y abril que son los mejores estuvimos cerrados. Así que, este invierno lo hemos pasado regulín regulan«

Este año, en cambio, los puestos abrirán con algunas restricciones entre las que está el horario de venta al público. Si bien este horario va de lunes a domingo de 11:30 y las 23:30 horas, a partir de las 18:00 horas los caracoles no se pueden consumir en el puesto y solo es posible hacer pedidos a domicilio o recogerlos en el mismo puesto y consumirlos en casa.

No obstante, «hay gente que le gusta el caracol a mediodía, pero normalmente vienen a las seis de la tarde y a esa hora estamos cerrando. Imagínate cómo os está yendo…», explica María, quien sin embargo agradece estar situada en el centro, ya que sus compañeros que están en los barrios «se están quejando porque no están vendiendo».

Por ello, María espera que el presidente de la Junta de Andalucía amplié las medidas y les deje abrir durante más horas poco a poco, pero también asegura que es consciente de la situación.

Los caracoles no son solo cuestión de la capital, sino que en toda la provincia cordobesa se pueden comer. Este es el caso de Almodóvar del Río, donde el 20 de tapas pone a disposición de sus vecinos este plato tan típico entre sus diferentes tapas. Allí, Chiqui Cabrera cuenta que llevan vendiendo caracoles desde el año 2003, ya que «los clientes los demandaban y empezamos a guisarlos», quienes esperan con ganas que empiece la temporada.

«Los caracoles son mi sello de distinción», asegura Chiqui. En su bar ofrecen caracoles chicos con caldo, en salsa picantón y el caracol gordo en salsa. «La verdad es que somos bastante tradicionales, porque con esos se vende muchísimo y se nos da bien». De estos el más vendido es el típico chico, sin embargo el picantón «lo está desbancando».

La restricciones horarias también han afectado a 20 de tapas, ya que Chiqui cuenta que los tiene «del revés». «Aquí se estila comer caracol a partir de las 17:00 de la tarde hacia delante y con esto de cerrar a las 18:00, hemos optado por repartir a domicilio». Este reparto está siendo efectivo sobre todo durante el fin de semana, aunque «no es lo m ismo que tener la terraza».

Belén Tobajas

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