Inicio Actualidad Córdoba a los ojos de Julio Romero de Torres

Córdoba a los ojos de Julio Romero de Torres

Un día como hoy de 1874 nació el mito. Estos son los ocho lugares en los que se puede seguir la huella del pintor en su ciudad natal

Retrato de Julio Romero de Torres. FOTO: Museo Julio Romero de Torres
Retrato de Julio Romero de Torres. FOTO: Museo Julio Romero de Torres

La mujer cordobesa, el flamenco, el vino y los galgos. No hay nada más cordobés para conocer. Visitar por primera vez la Mezquita-Catedral resulta una visita obligatoria. Sin embargo, ¿conoces qué une al edificio religioso declarado Patrimonio de la Humanidad con Romero de Torres? Una de las formas para descubrir la ciudad califal es siguiendo la huella del pintor Julio Romero de Torres en su ciudad natal, Córdoba. Un recorrido temático apasionante que te conducirá por algunos de los paisajes más reconocibles.

Hay artistas que están tan vinculados a un determinado lugar que resulta imposible entenderlos por separado. El binomio Julio Romero de Torres y Córdoba es uno de ellos. Un día como hoy, pero de 1874, nació el famoso pintor cordobés en, nada más y nada menos, el Museo de Bellas Artes de Córdoba, donde su padre ocupaba el puesto de conservador. Sin duda alguna, el lugar de nacimiento de una de los grandes representantes del tópico andaluz es parada obligatoria para conocer los inicios de su legado y cómo influenció en su propia historia.

El exponente más representativo de la identidad cordobesa de principios del siglo XX, reconocido tanto en España como en el exterior, incursionó en la pintura cuando ésta transitaba bajo muy opuestas influencias. Su estilo transita entre el romanticismo, el realismo social y fotográfico, el impresionismo, el academicismo floklorista, el simbolismo francés y el prerrafaelismo inglés.

Casa familiar de los Romero de Torres

Plaza del Potro

Regresando a la vida de Julio Romero de Torres desde su infancia, la familia Romero de Torres residía en una casa anexa al Museo —en la plaza del Potro—, pero Julio pasó buena parte de su juventud rodeado de arte, cuadros y música: tanto la Escuela de Arte como el Conservatorio de Música se encontraba en el mismo entorno.

La casa familiar de los Romero de Torres —en la plaza del Potro— se encuentra actualmente cerrada. Tan solo abre unos días de mayo y solo se permite acceder al zaguán y patio-jardín de la vivienda.

Actualmente la casa familiar se encuentra cerrada. Tan solo abre unos días de mayo y solo se permite acceder al zaguán y patio-jardín de la vivienda. Un grupo de vecinos de Córdoba están manteniendo reuniones con las instituciones para reformar el edificio y ponerlo en valor como casa-museo del pintor, para lo que demandan una apertura permanente.

El viajero que pasee por entorno de la plaza del Potro se encontrará, por tanto, con el ADN fundacional del Julio Romero de Torres artista y creador. De ahí que su Casa-Museo se haya convertido en uno de los grandes reclamos turístico-culturales de Córdoba, no en vano alberga la mayor colección de obra del artista.

Museo Julio Romero de Torres

Plaza del Potro

Por supuesto, no se puede olvidar mencionar el museo municipal cordobés dedicado al artista. El Museo Julio Romero de Torres reúne en la capital la mayor colección del pintor en un edificio del siglo XIX recientemente renovado. En su interior alberga seis salas para conocer la evolución de su obra, su visión o, en el caso de la Sala 6 La esencia de Córdoba, en la que dibuja con nostalgia su ciudad desde la distancia. El recuerdo de su río, el silencio de sus plazas, sus monumentos y sus costumbres se hacen protagonistas en esta serie de obras. Dedicado a su obra, nos permite hacer un recorrido por su vida, desde sus comienzos hasta sus más esplendorosas y conocidas obras: La Chiquita Piconera, Naranjas y Limones, Cante Hondo, Poema a Córdoba… 

Instituto Góngora

Calle Diego de León

Sobre sus estudios, comenzó su formación académica en el Instituto Góngora. El edificio que actualmente alberga el IES Luis de Góngora —en calle Diego de León, 2— es una de las instituciones educativas más antiguas de Córdoba, establecida a mediados del siglo XVI. Allí, un joven Romero de Torres realizó sus estudios, a la ve que compaginaba los de solfeo y pintura. Estos últimos bajo la tutela de su padre y el estímulo de su hermano mayor Rafael.

Su primera obra conocida, Cabeza de árabe, pintada en 1889, cuando tan sólo contaba con 15 años de edad y se enmarca dentro del realismo. Seis años más tarde pinta Mira que bonita era, de influencia realista con el que obtuvo Mención Honorífica en la Exposición Nacional de Bellas Artes.

Escuela de Artes y Oficios de Córdoba

Plaza de la Trinidad

En 1897 pinta para esa misma exposición Conciencia Tranquila, dentro de la línea del realismo social, obteniendo una tercera medalla. Dos años después se casa con Francisca Pellicer López de cuya unión nacieron Rafael, Amalia y María. Durante este tiempo imparte clases en la Escuela de Artes y Oficios —en plaza de la Trinidad—. Esta escuela fue fundada en 1866 en un palacio datado de mediados del siglo XVIII.

Desde aquel edificio trabajó en la restauración del artesonado de la Mezquita-Catedral. En 1900 pinta La Siesta, de estilo próximo al arte impresionista y al iluminismo de Joaquín Sorolla. También pintó una Virgen de los Faroles que se encontraba en el exterior de la fachada norte del edificio. Actualmente hay una copia, dado que el original se llevó a su Museo por protección.

Real Círculo de la Amistad de Córdoba

Calle Alfonso XIII, 14

El viajero puede seguir la huella artística y vital de Romero de Torres en el Círculo de la Amistad, edificio situado cercano a la céntrica plaza de las Tendillas —calle Alfonso XIII, 14—. Se trata de una institución cultural que, desde su fundación el 31 de mayo de 1854 por parte de los primeros 132 socios, desempeñó un importante papel en la vida creativa e intelectual de Córdoba.

En 1905 pinta una serie de seis murales dedicados a las artes para el Círculo de la Amistad donde predomina el Simbolismo que marcaría su obra, cuadros estos que pintaría un año después de ser nombrado académico correspondiente de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. El club intelectual fue frecuentado de forma habitual a lo largo de toda su vida.

Es a partir de entonces cuando comienza a relacionarse con los círculos intelectuales y artísticos del Madrid de la época. Allí conoce a Valle-Inclán, figura clave del modernismo español, que le anima a conocer a los grandes maestros de la pintura universal. Emprende viaje a Italia donde puede admirar a los sublimes artistas del renacimiento; a Francia, donde descubre el Simbolismo de Puvis de Chavannes y Gustave Moreau; Inglaterra, donde toma contacto con Gabriel Rosseti y Burne Jones; Países Bajos y Marruecos, entre otros.

Al regresar de estos viajes, Romero de Torres confirma un nuevo estilo que va a dar su primer resultado en la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1908, donde presenta el cuadro Musa Gitana, galardonado con la primera medalla de oro. También presenta a este mismo certamen Amor sagrado, amor profano y Nuestra Señora de Andalucía, obra que fue muy elogiada por Valle-Inclán.

La mujer cordobesa

Simbolismo, alegorías, miniaturismo, cuerpos femeninos, veladuras, pliegues… El pintor llega al dominio del dibujo y a la precisión de las formas a través el artificio poético de los escenarios y los fondos idealizados de su ciudad natal. Del mismo modo, Romero de Torres se decanta por una temática: el flamenco y la copla; el amor y los celos; la pena y la muerte. Todo ello utilizando a la mujer como protagonista, sensual y trágica de expresiones ambiguas: Julio Romero de Torres pinta a la mujer cordobesa.

Jardines de la Agricultura – ‘Los Patos’

Avenida de los Mozárabes

Pacheco es el galgo negro que le regalaron unos amigos y al que bautizó con ese nombre en recuerdo de un bandolero asesinado durante La Gloriosa.

Si continuamos con el itinerario, los Jardines de la Agricultura, conocidos popularmente como Los Patos, también son lugar de paso obligado para el viajero que siga el rastro del pintor por su Córdoba natal. Allí se encuentra un gran monumento conmemorativo dedicado al artista, realizado por el escultor almeriense Juan Cristóbal González Quesada.

En la escultura, Romero de Torres aparece ataviado como uno de aquellos personajes de leyenda de la Córdoba de la época, con su capa, su sombrero cordobés. Le acompaña su fiel Pacheco, un galgo negro que le regalaron unos amigos y al que bautizó con ese nombre en recuerdo de un bandolero asesinado durante La Gloriosa.

La calle Julio Romero de Torres

Junto al Arqueológico

Ni que decir tiene que en Córdoba hay una calle dedicada a uno de sus artistas más universales. El viajero la encontrará en el casco histórico, junto al Museo Arqueológico de Córdoba. Se trata de una calle al estilo cordobés, estrecha y revirada en la que se encuentra la peña flamenca que también lleva su nombre.

Cementerio de San Rafael

Avenida de Libia, s/n

La última morada de Julio Romero de Torres en el cementerio de Córdoba se ha convertido en el eje central de la visita al camposanto, en la que el viajero podrá recorrer las tumbas de otros personajes relevantes de su historia. En concreto el pintor está enterrado en el cementerio de San Rafael. La muerte de Julio Romero de Torres fue sentida por toda Córdoba.

Se cerraron los comercios, los cafés, las tabernas, los taxis se enlutaron con crespones negros, los pésames se sucedieron y la Casa del Pueblo instó a los obreros a honrar al pintor, «trabajador incansable, eminente obrero del arte». Su cadáver se expuso en la capilla ardiente que fue instalada en el Museo de Bellas Artes, donde fue despedido por una inmensa muchedumbre.

A hombros de los obreros, el féretro fue llevado hasta su tumba, donde hoy descansa. Fue así como Romero de Torres se convirtió en un mito y es a partir de entonces cuando la tradición popular comienza a crear una imagen tópica y distorsionada del artista.

Salir de la versión móvil