Antonio Arenas, doctor en Veterinaria: «Los coronavirus son viejos virus conocidos en nuestra profesión»

Antonio Arenas, doctor en Veterinaria y Catedrático del Área de Sanidad Animal de la Universidad de Córdoba, nos ha contado todo lo que la veterinaria tiene que decir sobre la pandemia

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B. SANTIAGO – INSITU DIARIO

Este año pasará a la historia como el año en el que el mundo se enfrentó a una de las mayores crisis que ha hostigado a la humanidad. La epidemia ocasionada por la Covid-19 está a la orden del día y, por ello, la lucha por combatir este virus, que ya afecta a 26,2 millones de habitantes a nivel global, es incesante. Miles de profesionales trabajan sin descanso para conseguir una cura que erradique los contagios por SARS-CoV-2 y nos permita volver a aquella normalidad que no entendía de mascarillas ni soluciones hidroalcohólicas.

Los equipos de profesionales médicos de primera línea parecen ser la cara visible de la lucha contra esta pandemia. No obstante, el esfuerzo que invierten cada día expertos en todos los ámbitos de la salud pública para investigar la forma de paliar el virus no pasa desapercibido, a pesar de que no alcance la misma visibilidad social.

Antonio Arenas, doctor en Veterinaria, Catedrático del Área de Sanidad Animal de la Universidad de Córdoba y miembro del Comité Asesor externo de medicina preventiva de la Junta de Andalucía, ha explicado para Insitu Diario todo lo que esta especialidad puede aportar a la situación vivida. «Los veterinarios tenemos muchísimo que decir sobre la epidemia del SARS-CoV-2, ya que estamos acostumbrados a tratar con este tipo de afecciones colectivas y a establecer medidas de control axiomáticas para enfermedades animales que puedan transmitirse a la población», insiste este doctor en veterinaria.

«Desde un punto de vista de control de una epidemia, la gestión de las medidas preventivas ante la Covid-19 ha supuesto un fallo garrafal»

«Nosotros ya avisamos de las medidas que se debían de llevar a cabo cuando los primeros casos positivos de coronavirus comenzaron a surgir, a pesar de que se pusieran en práctica mucho más tarde de lo que convenía. Si se hubieran cerrado fronteras en el momento en el que apareció el primer caso, y este se hubiera aislado por completo, el impacto económico y sanitario habría sido infinitamente menor. Por ello, desde un punto de vista de control de una epidemia, la gestión de las medidas preventivas ante la Covid-19 ha supuesto un fallo garrafal«, asegura Antonio Arenas.

Además, insiste en que «gracias al uso de mascarillas, entre otras precauciones, la mortalidad ocasionada por el coronavirus es significantemente inferior que al inicio de la pandemia, ya que esto obliga al virus a utilizar otras vías de contagio mediante las que le es más difícil expandirse a través del organismo».

En definitiva, se trata de una epidemia que, por su propia virulencia y facilidad de contagio, o por la negligencia de dirigentes y ciudadanos, atormenta enormemente a nuestra sociedad en todos los aspectos. Sin embargo, a día de hoy aún no se conoce el origen exacto que ha dado lugar a esta cadena incesante de contagios. «Todos los coronavirus proceden de animales, no se trata de virus humanos. Además, estos tienen una gran capacidad de salto entre especies, es decir, se transmiten fácilmente y de manera natural. No obstante, aun conociendo su procedencia animal, es difícil determinar si la Covid-19 se originó en especies como el pangolín o los murciélagos», aclara el doctor Arenas.

«Las vacunas son las armas más importantes que tenemos para la erradicación y el control de enfermedades»

«Estos estudios se realizan mediante secuenciación genética. Así se pudo comprobar que algunas cepas de pangolín se parecían relativamente al virus del SARS-CoV-2. Del mismo modo, al estudiar su reloj genético apreciamos que había varios años de diferencia entre el virus que se aisló del pangolín y el coronavirus de las personas. Por lo que hay un periodo de tiempo, entre unos 6 y 10 años, en el que no sabemos dónde ha podido estar el virus«, reconoce este catedrático.

Frente a esto, parece que los humanos nos incorporamos al padecimiento de los coronavirus relativamente tarde. «El primer coronavirus se aisló en Estado Unidos en el año 1930, y tiempo después apareció el coronavirus del ratón y el porcino. No fue hasta finales del siglo XIX cuando surgieron los primeros casos en humanos, que entonces se desconocían porque las enfermedades víricas estaban recién descubiertas. No obstante, ahora los coronavirus son viejos virus conocidos por los veterinarios«, cuenta Antonio Arenas.

«Los virus lo mismo aparecen que desaparecen»

Del mismo modo, cuando le preguntamos sobre cuál cree que es la mejor forma de salir adelante de esta pandemia, dada su experiencia como veterinario en paliar epidemias en animales, Arenas insiste en que «las vacunas son las armas más importantes que tenemos para la erradicación y el control de enfermedades. Si no tuviéramos vacunas no se habría erradicado la viruela, la poliomielitis estaría todavía causando estragos y el sarampión estaría a la orden del día. Por ello se está avanzando en el estudio de las vacunas, como las que se quieren llevar a cabo en diciembre y a principios del mes de enero. Estas están expresadas en adenovirus, un virus respiratorio humano que no tiene capacidad patógena alguna y que no genera una cantidad de anticuerpos excesivamente grande. Por eso, insistimos en realizar una segunda vacunación para favorecer a que el espectro de actuación de la vacuna sea mucho más amplio, al igual que su efectividad».

Al mismo tiempo, este catedrático también recuerda las palabras de la Organización Mundial de la Salud (OMS) cuando «pidieron tener cuidado con la difusión de las vacunas porque, si no son lo suficientemente adecuadas, puede ser peor el remedio que la enfermedad«.

«La veterinaria es un trabajo silencioso que no tiene repercusión social alguna, pero que hace más que cualquier otro»

«Por nuestra parte, desde la Universidad de Córdoba estamos realizando estudios colaborativos con distintos grupos de investigación, como con la Universidad Autónoma de Barcelona o la Complutense de Madrid, para evaluar la extensión que haya podido tener el coronavirus en animales«, explica Antonio Arenas, y añade: «Tenemos proyectos de investigación relacionados con la producción de leche inmune frente al coronavirus bovino, un hermano de la Covid-19, que tenga una carga suficiente de anticuerpos para ayudar al organismo a luchar contra el coronavirus en el caso en que se vea infectado».

Finalmente, Antonio Arenas termina resaltando el papel del veterinario en esta pandemia, al igual que para cualquier otra cuestión sanitaria que requiera medidas de prevención: «Los virus lo mismo aparecen que desaparecen. Hay muchos virus y bacterias que han tenido una amplia repercusión y que ahora mismo están recluidos y sin trascendencia gracias al trabajo de investigación de expertos veterinarios, pero siempre la visibilidad social que tienen es mucho más pobre que la de un famoso cirujano, porque el médico es el que salva directamente a los infectados, cuando probablemente el veterinario tenga más que decir en medicina preventiva. En definitiva, la veterinaria es un trabajo silencioso, que no tiene repercusión social alguna, pero que está ahí y hace más que cualquier otro«.

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