Frutera de un supermercado: “Hay personas que ponen en peligro la salud de los demás”

Magdalena lleva 13 años trabajando como frutera en Deza

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REDACCIÓN – INSITU DIARIO 12:00

Magdalena lleva 13 años trabajando como frutera en Supermercados Deza. Es una de las “afortunadas” que siguen yendo a trabajar cada día, haciendo posible que el resto de cordobeses pueda comprar alimentos y otros enseres para sobrevivir al confinamiento. Es, sin duda, una heroína.

Desde que se decretó el estado de alarma, los supermercados cordobeses han tenido que hacer frente a una situación complicada, delicada y lo han hecho, de la mejor manera posible. Es el ejemplo de la cadena cordobesa, Supermercados Deza, que a principios de marzo ya realizó una campaña pidiendo “que al súper fuera solo uno”, tratando de evitar así las aglomeraciones de aquellos días marcados por la llegada de la pandemia a España.

Mes y medio después, y tras la puesta en marcha, por parte de la empresa, de infinidad de medidas para evitar la propagación del virus en los establecimientos, los empleados de Deza no han cesado de agradecer a los clientes su buen comportamiento. “En general estamos bien, la mayoría de los clientes son muy respetuosos y son conscientes de la gravedad del asunto. Saben que el establecimiento puede ser un foco de contagio porque no salimos de casa nada más que para comprar, salvo los que también salimos al trabajo, y en definitiva, aquí hay muchas personas cada día, alrededor de mil, y es muy importante cumplir las normas de distancia, usar guantes, cubrirse la boca, etc., y como digo, la mayoría tiene un comportamiento ejemplar y no dejaremos nunca de dar las gracias”, indica Magdalena. 

La mayoría cumplen las normas. Por desgracia, no todos. Y esta es una situación que está empezando a mermar tanto el trabajo como la salud emocional de trabajadores como Magdalena. “Hay de todo, como en todas partes supongo, y lo cierto es que hay personas que nos lo están haciendo pasar muy mal”, dice la frutera. “Se está notando mucho el cambio de comportamiento desde hace dos semanas. Estamos todos ya muy cansados, son muchos días encerrados en casa, y eso se nota. Lo que pasa es que cada uno tenemos una situación en nuestra casa, y eso el resto no lo sabe. No puedes venir y descargar tu rabia en el supermercado, primero porque no nos lo merecemos, y segundo porque estás poniendo en peligro a las demás personas que se encuentran ahí”. Magdalena hace referencia a faltas de respeto e insultos que los trabajadores vienen recibiendo últimamente por parte de aquellos clientes que no entienden la obligatoriedad de cumplir ciertas normas, como renovar los guantes en la sección de frutería. “Hace unos días tuve que llamar la atención a una clienta porque no quería ponerse los guantes que tenemos de un solo uso encima de los que ella traía de casa, y le indiqué que no podía tocar la fruta sin ponerse unos guantes limpios”, Magdalena nos cuenta que pasa mucha vergüenza cuando tiene que llamar la atención a un cliente. “Me miró y me contestó de muy malos modos y me acabó diciendo que por sus cojones se iba a poner los guantes”, relata. “Empezó a tocar toda la fruta, con muy mala baba, y otra clienta se le acercó, y entre lágrimas le dijo que había perdido a un familiar por coronavirus, y que la respetase, tanto a ella, como a mí y al resto de personas que había en el supermercado”. 

Este incidente no es un hecho aislado, y es que, aunque la mayoría de los cordobeses tenga un comportamiento civilizado, como decimos, hay quienes ya no aguantan ni un día más de estado de alarma. “Hay otros que te dicen que no piensan esperar la cola, te piden que los cueles que tienen prisa, les dices que el aforo en la zona de frutería es de cinco personas y te responden que ya han entrado y que de ahí no los mueves, etc. Y a eso súmale los que te llaman estúpida, tonta y cosas peores porque les llamas la atención. Y si acabas llamando al encargado ya ni te cuento la de insultos que recibimos”, cuenta Magdalena. “Yo en mi casa tengo una hija que es persona de riesgo, vengo a trabajar todos los días con ese miedo que tenemos todos cuando salimos de casa, llego al supermercado y aquí me encuentro a salvo, por todas las medidas que ha puesto la empresa y los protocolos que tenemos que realizar para protegernos, pero luego llegan personas así, y acabas volviendo a casa llorando”. Según la frutera, son varios los compañeros que en más de una ocasión han acabado entre lágrimas por el comportamiento de algunos clientes. 

“Como sigamos así, psicológicamente vamos a necesitar ayuda. Podíamos estar peor, es cierto, y gracias a Dios no hay ni un solo caso en toda la empresa, pero no podemos estar todo el día diciéndoles a los clientes que no nos toquen, que no se nos acerquen tanto, y encima recibiendo insultos por ello. Que somos demasiado estrictos dicen”. Magdalena señala que si no fuese por esa exigencia, la situación sería mucho peor. “A pesar de todo tengo que agradecer tanto a Deza como a Valverde el trabajo que están haciendo por nosotros. Y por su puesto a mi equipo, en especial a los encargados que están siendo unos verdaderos campeones”.

La cara amable de esta situación es la de clientes y vecinos que están sabiendo valorar el trabajo de personas como Magdalena, y que “cada día, aunque ya hayan salido al aplauso de las 20:00, salen a aplaudirnos y a darnos mensajes de ánimo cuando cerramos. El agradecimiento es mutuo”. 

Consideración, responsabilidad, respeto, y ánimo, que ya queda un día menos.

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