Hay diarios que se escriben con papel y pluma, un intrépido chef prefiere sazonar su historia con los sabores de su tierra, Córdoba. Si se trata de aventura en la cocina, José María González Blanco es el primero en ponerse el delantal. Tras formarse a fuego lento junto a Ferran Adrià y Juan Mari Arzak, entre otros grandes chefs de la gastronomía española, y la experiencia que le brindó degustar su propia cocina en Blanco Enea, en el céntrico barrio de San Pedro; decidió apuntar más lejos, a casi 4.000 kilómetros, y emprender una nueva etapa en Noruega.

¿Qué puede hacer un chef cordobés en Noruega? Lo primero de todo, “ser cocinero”, asegura. Regentar su propio establecimiento le hizo pasar más tiempo entre papeles y números. ¿El problema? Le aburre la monotonía y “no estaba siendo chef, soy cocinero de vocación y me gusta estar metido en la cocina”.

Un día como otro cualquiera empezó a plantearse la falta de tiempo, él quería aprovechar su creatividad y la solución estaba sentada en el restaurante donde trabajaba. Un conocido lo miró y le dijo: “Deja tu trabajo, tenemos planes para ti. Vente a Noruega”. Y, como es de esperar de un trotamundos, González respondió afirmativamente sin dubitar y, sin tener ni idea de noruego, se embarcó hacia el proyecto que le tiene absorto hoy en día.

Deja tu trabajo, tenemos planes para ti. Vente a Noruega

Trabaja para Morro Fino y el nuevo Food Place to Be de Pettersen og Co como chef y asesor gastronómico, inmerso en un stand situado en Lager 11. Allí, el visitante más curioso encuentra pintxos y tapas cocinados a base de aceite de oliva de Priego de Córdoba, con salsa alioli de Palma del Río (Arte Oliva), condimentados con ajo negro de La Abuela Carmen de Montalbán y acompañados con aceitunas El Mesto, del mismo municipio.

En la ciudad donde reside, Trondheim, “Winter is coming”, apunta. De las terrazas de Córdoba a unas cuatro horas de luz en mes y medio y a 15 grados bajo cero las 24 horas del día. “Aquí no hay sol” y, aunque a él le gusta la vida en su tierra, “lo único que echo en falta es a mi familia”.

No echa de menos ni la comida. Bacalao, salmón, gambas árticas y ballena, José María está rodeado de “los mejores productos noruegos y los mejores españoles”. En Morro Fino sirve flamenquín cordobés, montaditos de tortilla española, croquetas de bacalao, pimientos del piquillo o coca valenciana. Toda una sabrosa lista de recetas que “cocino con amor y devoción”.

“Yo cocino con amor y devoción”

Si hablamos de innovación en la cocina, “me he vuelto purista” con respecto a la cocina tradicional. Si le piden que cocine flamenquín con puerro, él responde rotundamente: “¡No! Yo hago flamenquín cordobés con la cabezada de lomo”. Las recetas tradicionales no las toca, pero da rienda suelta a su lado más creativo y sigue apostando por él.

“Me he vuelto purista, yo hago flamenquín cordobés”

Sus valores y su interés están plasmados en dar a conocer la cocina española fuera de sus fronteras. No puede evitarlo, su gusto por tomar la sartén por el mango le viene de sus dos abuelas, al igual que su madre, y “mis raíces son mis raíces”.

Para González Blanco, nacido en un país con mucha vida social, Noruega puede parecer un país complicado. Aunque ahora aprovecha el tiempo libre más tranquilo, “es según te planteas la vida”. ¿Con qué se queda? A nivel laboral, el país nórdico se aleja de la situación precaria de la restauración en España. Ahora, se atreve con sus primeras palabras en el idioma noruego. Acerca de Trondheim, “es una ciudad cosmopolita” y una capital gastronómica en el país, por lo que se encuentra en su salsa, dando vuelta y vuelta a su nueva etapa y salpimentando con los sabores de su tierra allá donde va.

Javier Sánchez

Reportaje gráfico: Magnus Alban Mehmeti