El 5G y las conspiraciones: la nueva era de la desinformación

La falta de educación digital lleva a las personas a no saber informarse correctamente

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J. Peña

La época de confinamiento ha dado para mucho. Hay familias a las que les ha ayudado a unirse y a otras a distanciarse aún más. Hay personas que han aprovechado el tiempo para esas cosas que nunca han podido hacer como leer, escribir, dibujar o ver una serie. Los hay también que han acabado desquiciados de aburrimiento.

Pero para lo que sí ha servido es para que mucha gente se informe y desinforme a partes iguales. A raíz de la crisis del coronavirus, han nacido teorías de todo tipo. Un virus creado en un laboratorio, la llegada de una vacuna de control mental y otros muchos pensamientos conspiranoicos nos han inundado durante esta cuarentena. Esto viene alimentado por la gran cantidad de tiempo libre que hemos tenido durante la época de aislamiento y por la poca formación que tiene la población actual sobre las TIC (Tecnologías de la Información y Comunicación) y cómo y dónde informarse debidamente.

Otro factor determinante es el apoyo de figuras influyentes respecto a dichas teorías. Anteriormente pasó con Iker Casillas, ex portero de la Selección Española de fútbol y del Real Madrid F.C., afirmando que no creía en el viaje a la Luna. Ahora le ha tocado a Miguel Bosé, cantante de éxito, que expresó en su cuenta de Twitter sus opiniones negacionistas acerca de la pandemia del coronavirus. Este músico defendió la teoría conspiranoica que conecta a Bill Gates con el Gobierno de Pedro Sánchez, la vacuna del Covid-19 y las redes 5G.

Harol Dwight Lasswell, investigador y publicista, estableció una teoría llamada teoría de la aguja hipodérmica. En ella, Lasswell afirmaba que la facilidad para “inyectar” una idea en la sociedad venía precedida de un poder asimétrico entre el emisor y el receptor. Es decir, no es igual de escuchada una opinión que proviene del rey que una opinión dicha por alguien desconocido. Además, apuntaba Lasswell, esta manipulación era aún más sencilla contra personas sin formación universitaria ni estudios superiores.

Teniendo eso en cuenta, la falta de información que tienen los ciudadanos de a pie sobre qué tiene fiabilidad y veracidad, es determinante. Todo lo que aparece en programas de televisión, bulos de Facebook, webs desconocidas y canales de YouTube varios se toma como fiable sin cuestionarse siquiera la procedencia de las fuentes. Además, el contraste de fuentes brilla por su ausencia. La mayoría de personas buscan la información que buscan en Wikipedia y la toman como válida, sin confirmar si dicha información es la correcta.

Todo esto forma parte del caveat emptor, un término en latín que significa que el ciudadano tiene que responsabilizarse de lo que consume. Es decir, es nuestra responsabilidad saber qué creemos y qué no. Podemos observar esto en las recomendaciones de Donald Trump de inyectarnos desinfectante, que llevo a más de 100 personas a morir por ingesta de lejía. Pese a que Donald Trump es una persona influyente y debería tener una alta credibilidad, casi cualquier testimonio del republicano se trata con burlas.

Esto demuestra que, en realidad, no es la posición de poder la que dictamina cuan creíble eres. Porque si, es cierto que cientos de personas le hicieron caso, pero otros tantos cientos de miles cuestionaron sus declaraciones a través de comentarios en las redes sociales.

Es decir, es importante utilizar fuentes fiables para buscar información. Cuando buscas información sobre el coronavirus, utiliza la opinión de epidemiólogos, la Organización Mundial de la Salud y distintas instituciones oficiales. Estas instituciones tienen mucha más información real y útil que cualquier ciudadano de a pie y, gracias a la sociedad digital en la que vivimos, podemos acceder a toda ella con tan solo unos cuantos clics.

Las acusaciones y rumores que forman estas teorías suelen tener como base especulaciones vacías basadas en el morbo y el misterio. Esa búsqueda continua del morbo es la que lleva a popularizar este tipo de vídeos y programas de televisión.

Como he comentado anteriormente, todo esto viene de la falta de educación básica que hay tanto a nivel nacional como mundial. Durante la época de aislamiento, todos los estudiantes y profesores han tenido que asistir a clases a través de plataformas digitales, un medio que muchos desconocían. Pasa exactamente igual con el teletrabajo. Muchos trabajadores que nunca habían usado un ordenador o no de forma tan compleja, han tenido que aprender desde cero. Eso ha concluido en numerosos problemas a la hora de acceder a estas plataformas.

Es por eso por lo que deberían de impartirse cursos y clases con el fin de reducir el índice de analfabetismo digital, que se encuentra en torno al 41% en docentes según los datos de uso de EVA de la Unión Europea. Es imposible que los estudiantes puedan aprender sobre tecnología si los propios docentes no tienen los conocimientos necesarios para impartirla. Además, aunque el índice de penetración del smartphone en España es del 98%, la gran mayoría de los usuarios no saben utilizar sus terminales. A día de hoy, el 87% de las personas con un teléfono móvil admite no darle uso más allá del uso de las redes sociales.

En definitiva, la forma de combatir las altas tasas de desinformación que existen en plena era de la información es la correcta educación sobre competencias comunicativas. Con esto, los índices de credibilidad de las teorías conspiratorias, los rumores y los bulos caerían casi por completo. Para encontrar el punto débil de nuestro enemigo, primero hay que saber buscarlo.

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