No, no se trata de un error. Evidentemente, no nos referimos al conjunto escultórico de la Plaza de Capuchinos, pero por ahí van los tiros. Son sesenta y cinco los años transcurridos desde el rodaje en Córdoba de la película El Cristo de los Faroles, interpretada por un ídolo de masas del momento, como era Antonio Molina, bajo la batuta de Gonzalo Delgrás, un tándem que ya había dado buen resultado en su anterior encuentro, La hija de Juan Simón,  y que volverían a repetir en Café de Chinitas, alternando el malagueño con otro ídolo de la canción popular como era Rafael Farina. Le acompañaba como parteneire María de los Ángele Hortelano, que hacía aquí su debut y que tuvo una escasa filmografía que alcanza solo la media docena de títulos hasta 1975.

En 1957 la troupe del cine desembarcó en la capital cordobesa para filmar un dramón con tintes de folclore en la ciudad de los califas. Más que el argumento en sí, lo que nos importa es que, desde 1922 con Carceleras, la ciudad no había aportado tantas postales al desarrollo de una película.

Las localizaciones de la película sitúan la acción en el desaparecido Teatro Duque de Rivas, que echó el telón definitivamente un 25 de mayo de 1972, y donde Antonio Reyes obtiene clamorosos éxitos, la Calleja de las Flores, la Virgen de los Faroles, el entorno de la Mezquita-Catedral, la Plaza de las Tendillas, el Museo Taurino, la Plaza de la Lagunilla y calles diversas de la judería, del ahora casco histórico patrimonio de la humanidad.

Las canciones incluidas en el film también tuvieron amplia repercusión entre el público, que podía seguir las letras en los programas de mano que llevaban impreso al dorso un cancionero que incluía Ante la imagen del CristoEl hijo mío y El agua del avellano, entre otras, acompañado en la película en este último número por un imposible trío de guitarristas ¡vestidos de toreros!

Córdoba, un grato recuerdo para Antonio Molina

Era Córdoba una ciudad de la que guardaba Antonio Molina un grato recuerdo. Tras ser contratado por un empresario de variedades para hacer una gira por Andalucía en 1952, su debut en el Gran Teatro supuso su espaldarazo definitivo. Muestra de ello fueron las colas de público que se registraron para ver de cerca y escuchar a este prodigio de cantante que figuraba como telonero y que propició que se cambiase la publicidad para que apareciera como cabeza de cartel.

Otro tanto ocurría con una de las actrices del reparto, la entrañable Rafaela Aparicio, otra malagueña que, abandonando su profesión de maestra, se decantó por las tablas, debutando con 23 años en Córdoba con la obra El conflicto de Mercedes, de los Álvarez Quintero.

¿Que de qué va El Cristo de los Faroles?

¿Que de qué va El Cristo de los Faroles? Molina interpreta a Antonio Reyes, un artista de la canción andaluza que conoce a la cordobesa Soledad ante el Cristo de los Faroles, lo que pasa es que es un piernas a la caza de nuevas conquistas. Pero Soledad, que sabe del paño del artista, no pasa por el aro y prefiere la compañía de un modesto novillero, Rafael El Sanluqueño, que devendrá en reputado matador.

Así que Reyes erre que erre, «hasta que consiga abrir un boquetito en la muralla», conquista a Soledad y cambia su modo de vida juerguista por una vida más ordenada y familiar. Viaje por aquí, viaje por allá, más éxitos y más canciones, niño que nace y la vida de calavera que vuelve a ser la tónica habitual. Niño que muere, reencuentro ante el Cristo de los Faroles de Antonio y Soledad y FIN de este folletín en toda regla. Perdón por destripar la película (hacer un spoiler le llaman ahora).

Que sí, que El Cristo de los Faroles cumple 65 años de su rodaje en Córdoba. Se estrenó el 3 de junio de 1958. El otro, el de verdad, el Cristo de los Desagravios y Misericordia, testigo de piedra de varios rodajes más, como las dos versiones de Carceleras (1922 y 1932, respectivamente, esta última desaparecida), Brindis a Manolete (1948), Yo soy esa (1990) o Callas Forever (2002) ya tiene 228. Y Antonio Molina nos dejó hace 30 años.

Carlos García Merino