El Museo del Anís de Rute, un rincón del disfrute cordobés

Levantarse de buen humor esta Navidad para "venir a Rute y que tu cuerpo lo disfrute", invita Anselmo Córdoba

«Hay que venir a Rute y que tu cuerpo lo disfrute». Descubrir el corazón de la destilación, sumergirse en un mundo de olores, sabores y sensaciones. El aroma del anís que invade los pinares de la subbética procede sin duda de Rute, el pueblo de la Navidad. Ubicado en una centenaria destilería, el Museo del Anís ofrece al visitante la historia y tradición de la elaboración de anisados y licores, «una auténtica visita sensorial», asegura su gerente, Anselmo Córdoba. «Estamos en la fecha perfecta para levantarnos, sobre todo, con muy buen sentido del humor y decir: Vamos a Rute».

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Heredera de los cuatro siglos de historia que la destilación en Rute, su Museo del Anís abrió las puertas al visitante en 1994. Desde 1630, los ruteños se han dedicado al «mundo apasionante y sublimante de la destilación», explica Anselmo.

Un visita sensorial

La mezcla de alcohol, matalauva y agua, un proceso de alquimia desarrollado en alambiques que dio paso al nombre conocido universalmente como anís de Rute.

A lo largo de cuatro salas, se encuentran alambiques de cobre, en los que se continúa elaborando el elixir ruteño, obra del artista local, el maestro calderero Francisco Casas.

Toreros y personajes famosos han visitado este templo del aroma, del sabor y «de vida», asegura Anselmo. Más de 750 piezas de más de las 100 destilerías que albergaba la localidad dispuestas en una bodega original del 1908.

En las vitrinas de la sala de maceraciones se podrá conocer la historia de más de un centenar de destilerías dedicadas a toreros, personajes literarios y animales. Desde los aguardientes puros de uva hasta los actuales anisados que existieron desde el siglo XVII.

Interior del Museo del Anís de Rute. Foto: Insitu Diario

En su interior esconde un patio cordobés de primer premio

Los barriles de roble americano se hacen paso entre las reliquias que atesora el museo. Asimismo, a través de una pequeña puerta, se acceder a a un patio cordobés, «el corazón de nuestra casa», aclara el gerente. Macetas y flores que han cosechado importantes primeros premios del concurso de la subbética cordobesa y de la Diputación de Córdoba.

Además de descubrir la historia del destilado y el etiquetado de sus preciadas botellas, el visitante conocerá cómo se elaboran las distintas maceraciones con frutas y hiervas.

Reportaje gráfico: RAM


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