El toreo siempre fue cosa de mujeres (aunque no las dejasen ejercer)

La presencia de la mujer como elemento activo en el toreo es casi coetáneo al propio nacimiento de la denominada Fiesta Nacional

¿Mujeres toreras? Pues casi desde siempre. La presencia de la mujer como elemento activo en el toreo es casi coetáneo al propio nacimiento de la denominada Fiesta Nacional. Numerosos son los casos de mujeres toreras de a pie, banderilleras, rejoneadoras y hasta picadoras de las que se tiene noticia, tanto en España como al otro lado del charco desde el siglo XVIII. En el primer tercio del siglo XX, destacaron nombres como los de Juanita Cruz, la cordobesa Mary Gómez, La Reverte (con toda la polémica que rodeó su figura) o posteriormente la peruana Conchita Cintrón, maravilla del toreo, rejoneadora de breve pero exitosa carrera, sobre todo en tierras americanas.

Lo malo es que la prohibición impuesta por el ministro La Cierva en 1908, durante la presidencia de Antonio Maura,  por ser «impropio y opuesto a la cultura y a todo sentimiento delicado», la derogación de su orden con el advenimiento de la República, cuando muchas mujeres pisaron el albero, con desigual fortuna y acierto, y la posterior prohibición franquista de que las mujeres toreasen a pie condicionaron la presencia de la mujer en los ruedos españoles hasta que pudieron volver a acceder al estamento novilleril en los años 70 del siglo pasado. No así en los hispanoamericanos, donde el interés de la afición por las mujeres toreras era evidente e histórico y que fue refugio de muchas lidiadoras que en España no pudieron ejercer su profesión.

Ana María de Guadalupe y Nava de Castañeda, primera torera registrada

En 1640, María de Estrada Medinilla publicó en Méjico la obra Fiestas de toros, juego de cañas y alcancías que celebró la Nobilísima ciudad de México con motivo de la llegada de Diego López PachecoMarqués de VillenaSin salir del virreinato de Nueva España, se tiene noticia de un documento de 1725 en el que aparece como la primera torera registrada Ana María de Guadalupe y Nava de Castañeda. Constancia ha quedado de Nicolasa Escamilla «La Pajuelera», considerada toda una figura del toreo en el siglo XVIII, reflejada en un grabado de Francisco de Goya y de Teresa Bolsi, dibujada por Gustavo Doré. Pero mucho más cerca en el tiempo se sitúa un curioso y muy exitoso fenómeno, nacido en Barcelona, que causó furor en el público de los cosos taurinos entre finales del siglo XIX y comienzos del XX: el de las señoritas toreras. Un tipo de cuadrillas que también se prodigaron en países como Perú o México en las mismas épocas.

«Señoritas toreras»

«Ayer llegó a esta capital la celebrada cuadrilla de `Señoritas toreras´ que trabajará mañana en nuestro circo. El jueves toreó en Priego becerros muy bravos, siendo extraordinariamente aplaudida«.  Así se anunciaba en la prensa cordobesa el inminente paseíllo que iban a escenificar las componentes de una singular cuadrilla de féminas toreras que llevaba en activo tres años y que nació en tierras catalanas. En la sección taurina del diario El Comercio de Córdoba se refiere al lector los derroteros por los que se desarrolló el festejo llevado a cabo por las féminas vestidas de luces el domingo 20 de junio de 1897 en el Coso de los TejaresLa cuadrilla de «Señoritas Toreras» lidió en nuestra plaza cuatro novillos (…). Lolita y Angelita estuvieron muy bien en todos los tercios y especialmente en la suerte suprema, distinguiéndose Lolita en el tercero, al que dio muerte de una buena estocada. Obtuvo la oreja y muchos aplausos. A Angelita concedieron también la oreja del segundo. Banderillearon ambas con acierto, en unión de las hermanas Simó y de Francisca Pagés, que sufrió un revolcón sin consecuencias. La entrada buena en la sombra y muy escasa en el sol«. Esta «original cuadrilla» como la citaba el diario, volvería a presentarse ante el respetable público, que se dio cita en el Coso de los Tejares el día 24.

También quedó constancia en El Comercio de esta segunda cita taurómaca. En ella participó la cuadrilla de las «Señoritas Toreras» en la que se lidiaron novillos de Francisco Lasso que, en conjunto, fueron mejores que los astados del domingo precedente: «Las noyas catalanas trabajaron con valor y maestría, distinguiéndose las matadoras en la suerte suprema y en banderillas. Angelita dio una soberbia estocada al cuarto».»Justa Simó fue encunada por una de las reses, aunque afortunadamente sin consecuencias desagradables«. Y aún tuvieron ocasión de demostrar su valía una vez más en el coso cordobés, ya que se despidieron la festividad de San Pedro con una corrida de cinco novillos de la misma ganadería, «el último de los cuales será rejoneado a la española por Lolita. Si no consiguiera darle muerte con la lanza lo matará con estoque«.

51 festejos contratados

Los números que presentaba esta «original cuadrilla» compuesta por mujeres toreras no dejaba lugar a dudas de que se trataba de un espectáculo que gozaba de la anuencia de empresarios y del gusto del público. En lo que llevaban de año, habían participado en 26 festejos. Tras Córdoba, las Señoritas Toreras tenían ya cerrados otros veinticinco festejos previamente contratados, además de estar en conversaciones para ofrecer su arte en al menos otras seis localidades españolas. Incluso se estrenó en el Teatro del Duque de Sevilla el 23 de noviembre de 1895 una obra cómica en un acto titulada Señoritas toreras: academia preparatoria, parida por la pluma de Servando Cerbón. 

Torearon desde su creación en 1894 hasta 1908. Algunas de sus integrantes encontraron acomodo, tras la prohibición de que toreasen las mujeres en España, en tierras americanas, donde ver a una mujer torera, ya fuera vestida de luces, de luces con falda o de corto no era nada inusual, ya que varias cuadrillas de señoritas toreras hacían el paseíllo en varios países. Las demás, tuvieron que dedicarse a las tareas domésticas, al casorio y a la crianza de los hijos, después de enfrentarse en numerosas ocasiones a los cuernos… los de verdad.  En un mundo monopolizado por los toreros, nombres como los de las Hermanas Palmeño, Juanita Cruz (de exitosa carrera durante dos décadas, que llegó a hacer paseíllo junto a un aún desconocido Manolete en 1933 y que tomó la alternativa en México), y otras con menor fortuna y dedicación, que vistieron de luces de manera fugaz, hay que destacar a un puñado de rejoneadoras que marcaron también su época, durante la prohibición de torear a pie, a un lado y otro del charco.Fueron  tiempos de oscuridad para el toreo femenino y de pérdida de una conquista de la mujer de aquellos tiempos que se resume en el epitafio de Juanita Cruz (1917-1981) en el Cementerio de la Almudena: «A pesar del daño que me hicieron en mi patria los responsables de la mediocridad del toreo en los años cuarenta-cincuenta ¡brindo por España!«. Una mujer tenaz y adelantada que apeló en 1933 a dos artículos de la recién aprobada Constitución republicana en los que se establecía la igualdad entre hombres y mujeres y en la libertad para elegir profesión para poder cumplir su sueño de torear. Habría que esperar hasta 1974 para que la modificación de la legislación vigente durante más de 30 años permitiera que las mujeres en España pudieran volver a vestirse de luces y a torear a pie. Lo logró la alicantina Ángela Hernández (1946-2017), tras un pleito contra la administración que le llevó tres años de dura lucha que le permitió ser la primera mujer en obtener el carné de torera en España.