El TSJA confirma una condena de seis años y nueve meses por maltrato y agresión sexual

La víctima sufrió diversas heridas y estrés postraumático

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Ciudad de la Justicia de Córdoba / foto: RAM
Ciudad de la Justicia de Córdoba / foto: RAM

La Sala de lo Civil y Penal del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía, Ceuta y Melilla (TSJA) ha desestimado el recurso presentado por un condenado por los delitos de maltrato en el ámbito familiar y de agresión sexual y confirma la sentencia dictada por la Sección Tercera de la Audiencia Provincial de Córdoba en fecha 20 de enero de 2020, derivada de un procedimiento llevado a afecto por el Juzgado de Violencia sobre la Mujer. Al procesado se le impuso una pena de nueve meses y un día de prisión por el delito de de maltrato en el ámbito familiar y seis años por un delito de delito de agresión sexual.

Según figura en la sentencia proporcionada por el TSJA, el acusado ha estado casado 25 años con la víctima, si bien en 2016 la relación empezó a deteriorarse -hasta el punto de no mantener relaciones íntimas- y comenzó el encausado a sentir celos, pues la mujer cuidaba a una persona mayor. Comenzó a hacerle seguimientos y controlarle el teléfono móvil ante la sospecha de una infidelidad.

Así, entre finales o principios de mayo de 2016, cuando por la noche se disponía la mujer a dormir en el sofá del salón, pues ya no compartían el dormitorio, el acusado la empujó sobre el sofá, cayendo en el mismo al tiempo que la agarraba diciéndole que la iba a sodomizar, lo que provocó que la víctima comenzara a llorar suplicándole que la dejara. El acusado inmediatamente cesó en su actitud y se marchó al dormitorio.

El segundo episodio se produjo el día 3 de julio de 2017, sobre las 16:30 horas, cuando la mujer estaba limpiando en la cocina; el acusado, «guiado por un evidente
ánimo lividinoso», le bajó el pantalón corto del pijama
y las bragas, no sin
oponer resistencia a dicha acción tratando de subirse dichas prendas al tiempo
que le rogaba que la dejara. Sin embargo, dicha petición no sólo resultó
infructuosa, sino que el acusado reaccionó empujándola y haciéndola caer al
suelo hasta quedar tendida boca arriba,
momento que el hombre aprovechó
para quitarse el bañador e intentar penetrarla, lo que no logró por no conseguir
la erección. Ante ello, le introdujo en la vagina uno o dos de sus dedos durante unos minutos pese a que ella trataba de impedirlo haciendo todo lo posible por cerrar las piernas, moviéndose y dando manotazos. Durante esa acción el acusado daba palmadas en el suelo al tiempo que le recriminaba a la mujer que se estaba “follando al viejo” y que le decía a la cara que era “una puta”, según figura en la sentencia.

A consecuencia de esta agresión, la mujer «sufrió una erosión muy leve con equimosis en región sacra y en cara interna del muslo izquierdo, lesiones que para su curación necesitaron de tan sólo una primera asistencia médica con dos días de curación sin impedimento. Asimismo presentó a raíz del suceso un estado de malestar con síntoma de ansiedad y depresión significativos, sufriendo un trastorno de estrés postraumático, situación que actualmente ha remitido».

Sobre el primero de los episodios, el del sofá, considera el recurrente que debió haberse dictado pronunciamiento absolutorio respecto de este hecho objeto de acusación, ello
conforme al principio in dubio pro reo. En este sentido, argumenta que, si el Tribunal no ha estimado convincente el testimonio de la denunciante para estimar acreditada en esta secuencia la agresión sexual planteada por las acusaciones, no se entiende que sí le convenza para considerar probados el empujón y el insulto.

La parte recurrente no cuestiona que la prueba de cargo haya enervado la presunción de inocencia, sino que, como hemos indicado, ciñe su defensa a la invocación del principio ordinario in dubio pro reo, el cual, como indica el Tribunal Constitucional en sentencia 16/2000 de 31 de enero, “sólo entra en juego cuando exista una duda racional sobre la real concurrencia de los elementos del tipo penal, aunque se haya practicado una prueba válida con cumplimiento de las correspondientes garantías procesales”.

Sobre el segundo episodio, la sala estima que la declaración prestada y sostenida por la víctima a lo largo del procedimiento integra cuantos parámetros hemos relacionado antes
como de conveniente concurrencia para dar lugar a la convicción del Tribunal
sobre la credibilidad de aquélla. En efecto, ha de reiterarse que no hay base alguna para recelar que el relato de la mujer esté guiado por móvil espurio alguno, lo cual tampoco se alega siquiera en el recurso y, por otro lado, la testigo ha mantenido su relato de modo estable y coherente, sin contradicciones ni ambigüedades de ningún tipo, siendo además acordes con el mismo las pequeñas lesiones (equimosis en región sacra y en cara interna del muslo izquierdo) detectadas en su primera atención médica y valoradas en informe médico forense.

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