El viaje de la vacuna por Córdoba

Acompañamos a estas pequeñas dosis en su trayectoria desde que las traen de Sevilla hasta su uso en los puntos de vacunación

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El reloj marca las 9:00 horas y, como cada día, las dosis del programa de vacunación de todo el Distrito Córdoba llegan puntuales a su lugar de recogida: el sótano del Centro de Salud Carlos Castilla del Pino. Esa misma mañana, José, un encargado de Bidafarma —cooperativa nacional de distribución mayorista de medicamentos de amplia gama—, las transportaba con extrema delicadeza en una furgoneta escoltada por la policía desde la provincia de Sevilla hasta la capital cordobesa. Con tan solo una breve llamada telefónica, Manuela, técnico encargada de la logística y de la preparación y recepción de vacunas, y Alfonsa María Martín, farmacéutica del Distrito Córdoba y Guadalquivir e integrante de una Unidad de Gestión de Farmacéuticos de Atención Primaria, salen a recibir los lotes de vacunas que han generado tanta euforia, a la par que polémica, entre la sociedad este último año.

Rápidamente, las encargadas comprueban que la cámara de congelación que alberga el vehículo se encuentra a la temperatura idónea para la buena conservación de las inyecciones —alrededor de unos 3°C — y, solo entonces, las adentran en la tercera planta del sótano, donde se encuentra una cámara especializada para estacionar las dosis. A estas prontas horas de la mañana las vacunas ya han recorrido un amplio trayecto para llegar intactas al centro de recepción, por este motivo «las recibimos con mucho mimo dada su inestabilidad. Las desembalamos y preparamos en corcholinas del tamaño exacto de la propia dosis, en las que caben hasta 30 unidades, en función del programa de vacunación», asegura la farmacéutica Martín. No obstante, nada de eso tiene lugar sin el trabajo previo de comprobación de lotes que debe concordar con la cantidad exacta prevista para su uso a lo largo de toda la semana.

Tardan unos minutos más en recontar las vacunas que les han suministrado, «no tantas como a ellas mismas les gustarían» piensan, y como todo va en orden se firma la recepción de las dosis y los policías y otros acompañantes se marchan. Ya solo quedan las trabajadoras autorizadas en ese sótano del centro de salud. Entonces, Alfonsa María Martín recuerda lo hablado la semana anterior con la Dirección de Enfermería con la que se coordina su Unidad. Desde la dirección se encargan de gestionar las citas y puntos de vacunación, mientras que su Unidad de Gestión de Farmacéuticos de Atención Primaria controla la existencia adecuada de todo tipo de vacunas y su correcta conservación en las condiciones de frío.

De modo que, cada semana, revisan entre la Unidad y la Dirección las distintas entregas programadas que pueden haberse visto alteradas por imprevistos en los puntos de vacunación, así como por pacientes que no hayan acudido a su cita. En estos casos, es muy importante conocer la fecha de caducidad de la vacuna con objeto de gastar la dosis antes de que esta venza: cuando se descongelan, las vacunas de Pfizer tienen 5 días de margen de caducidad. Por ello, es imprescindible ajustar las citas y entregar en primera estancia esos viales a centros de salud y centros cívicos de la provincia de Córdoba que los necesitan para no desaprovecharlos.

Llegados a este punto, cuando las dosis están organizadas y listas para su envío, Manuela y Alfonsa reacondicionan las neveras portátiles que se han pasado la noche enchufadas para que, al llegar las vacunas, se encuentren a la temperatura exacta. «A veces, si es necesario a consecuencia de la llegada de envíos masivos, utilizamos cajas isotérmicas de corcho con aislantes que contienen placas de conservación del frío para temperar las dosis entre 2°C y 8°C«, insiste Alfonsa Martín y, a su vez, recuerda que «en lo que se refiere a las vacunas de Pfizer y Moderna, estas requieren ser tratadas en unas condiciones muy estrictas de mantenimiento, ya que son inestables tanto a la temperatura como al movimiento«.

Tras todo este procedimiento, la labor de la farmacéutica Alfonsa y Manuela, la técnico auxiliar, no llega aún a su fin. Justo tras el envío de las vacunas, comienza su incesante seguimiento por todo el distrito a partir del programa informático Diraya del Servicio Andaluz de Salud. Solo a través de esta plataforma los servicios centrales de Córdoba, y de toda la Comunidad Autónoma, pueden conocer qué cantidad de vacunas están en uso, así como los enfermeros pueden encontrar las dosis de vacunas que les envían en su almacén. «Si nosotros no registramos y mecanizamos previamente esos lotes, ellos no los encuentran disponibles para llevar a cabo su labor de identificación de cada usuario para su cita de vacunación, para ver qué vacuna le corresponde, qué lote y qué fecha de caducidad tiene», reconoce la farmacéutica Martín.

Al mismo tiempo que todo esto sucede, Luisa María Anguita y Rafael Campos esperan impacientes, como al comienzo de esta trayectoria, las inyecciones que Alfonsa Martín y Manuela les envían desde Carlos Castilla de Pino. Las vacunas llegan sin ningún percance conducidas por otro profesional hasta el Centro Cívico de Santa Rosa, donde ambos enfermeros las reciben, diluyen y preparan en sus mesas frente a las que, más adelante, pasarán los individuos convocados para vacunarse ese mismo día. «En primer lugar, los pacientes llegan al punto de acogida en el que se les realiza un registro de su lote y se les da una cita para la siguiente dosis. Una vez finalizado el proceso, pasan al punto en el que se les administra la vacuna y, tras ello, deben esperar diez minutos en la sala de espera por si se produce algún tipo de reacción alérgica», cuenta Luisa María.

Por otra parte, Rafael Campos concreta el número de vacunas que, tras este largo recorrido, acaban siendo suministradas en el brazo de algún ciudadano: «Una persona cada minuto. Están citados de tal forma que se aprovechen todas las dosis que se extraigan de los viales: trescientos pacientes por la mañana y trescientos por la tarde. Aunque ha habido excepciones de vacunaciones masivas como la que tuvo lugar en Vista Alegre a profesores y en la que se vacunó a un total de cuatro mil personas».

Además, el enfermero Campos añade: «La mayoría de los acompañantes de los vacunados nos preguntan si podemos ponerles las dosis que sobran por algún imprevisto. Cuando esto sucede, yo lo primero que les digo es que si eso fuese así mi madre ya estaría vacunada, pero no es el caso. La gente viene muy preocupada por lo que escuchan en la tele sobre los efectos secundarios de otras vacunas, se interesan muchísimo y preguntan en todo momento. No obstante, siempre llegan muy contentos y se van aún más de lo que ya estaban«.

BERTA SANTIAGO. Foto y video: RAM y Miguel Valverde.

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