En imágenes: El nuevo local de Terra Olea, inspirado en los colores de la tierra

El restaurante del chef Paco Villar estrena establecimiento en Rigoberta Menchú, 2 y regresa por todo lo alto con una cocina mucho más sofisticada y dos nuevos menús degustación

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Pronto se cumplirán dos años desde que un ilusionado Paco Villar abriese su primer restaurante propio, Terra Olea. Y, tras un breve parón, el chef de Nueva Carteya regresa por la puerta grande al panorama gastronómico cordobés.

Estrena un local más espacioso, tanto en cocina como en sala, en la Calle Rigoberta Menchú, 2.

Amante de los cambios y la renovación constante, Villar se ha afanado en una nueva carta, quizás la más sofisticada hasta el momento.

No obstante, se mantiene fiel a los productos de temporada y de proximidad, santo y seña de la casa. «La receta continúa siendo: guisos y platos revisados, salsas que recogen los sabores de siempre, postres protagonizados por frutas y la importancia puesta en las materias primas de la tierra», asegura el chef.

Además, tanto Paco Villar y como Soledad Torres, a la cabeza del equipo, no han dudado en mantenerse leales a la gastronomía, los productos y productores de Córdoba.

Clásicos de autor

Pero no todo son novedades en la propuesta de Villar y su equipo sobre la mesa. Su carta no se desprende de las croquetas de leche de oveja (candidatas en la VI edición de la Mejor Croqueta de Jamón Joselito), los puerros con mantequilla de oveja y ajo negro o el arroz de vaca, hierbas y ajetes.

Algunas de estas creaciones han conseguido que sus habituales e incluso la crítica gastronómica de dentro y fuera de Córdoba cayera rendida a los encantos culinarios del joven chef.

No en vano, a comienzos de año Terra Olea recibía la distinción Bib Gourmand de la Guía Michelín.

En los albores de la primavera cordobesa, su nueva carta está integrada por elaboraciones como: royal de foie, PX, pera y cardamomo, los guisantes de costa con guiso de codorniz y berberechos nacionales; el cogollo al ajillo con panceta y gamba roja servido con puré de ajo asado; lenguado de costa, limón y pollo asado; o presa de bellota, oloroso y salsifí.

En cuanto a los finales, los sabores de la tierra llegan con la naranja con aove y ajo negro, el punto atrevido y fresco lo pone la fresa con remolacha, vinagre y pimienta rosa. Para los más tradicionales, el flan de queso de la quesería melariense Calaveruela o el ya clásico chocolate, chocolate, chocolate.

Además de la oferta de carta, el restaurante contará con dos menús degustación, de 8 y 11 pases, que combinan lo más representativo de su propuesta.

Rocío Górriz

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