Los secretos del pastel cordobés de Pastelería San Rafael 1920

El conocido obrador de la capital, que abrirá su segunda sede próximamente en la Calle Concepción, apuesta también por sofisticadas creaciones para el Día de los Enamorados

Pastelería San Rafael 1920 lleva más de un siglo -salvo un brevísimo periodo de tiempo- endulzando la vida de los cordobeses. Y próximamente abrirá una segunda sede en la céntrica calle Concepción, la misma en que casualmente inició su carrera repostera José Delgado Roldán, su creador.

«Sinceramente ha sido casualidad. Llevábamos mucho tiempo buscando local en el centro porque el público nos lo demandaba y además es la calle de las grandes pastelerías clásicas de Córdoba, pero no es un homenaje deliberado a su creador original», explica Esperanza Romero, actual dueña del establecimiento.

A mediados de 2020 el famoso obrador tuvo que cerrar tras más de 80 años funcionando pero esta empresaria -con amplia experiencia en hostelería- vio que el local que actualmente ocupan (Calle Cardenal Portocarrero, 23) estaba disponible y decidió no sólo comprar el establecimiento sino también la empresa en sí.

El dulce legado que recibía no era nada fácil y así lo admite: «Es difícil mantener la esencia de elaboraciones con sabores y texturas tan reconocibles como los de esta casa. Se trata de pasteleros de toda la vida y éstas son sus recetas. Y si tú les cambias las recetas de toda la vida y su forma de trabajar, pues se habrán perdido. Además, nuestras materias primas son totalmente naturales por lo que resulta más difícil la elaboración, la conservación, las caducidades son muchísimo más cortas…»

Dulces de leyenda

Si por algo es conocido este tradicional obrador en toda la ciudad es por sus manoletes -no en vano son su creadores- y su pastel cordobés.

Respecto a este último subraya que «lo que tiene de especial el pastel cordobés es el hojaldre, que es artesano«.

Además, se sigue haciendo con rodillo. Sin olvidar de que su relleno -a base de cidra mezclada con azúcar- es cien por cien natural sin ningún aditivo. Y el tercer secreto radica en el rebordeado artesano y la terminación para que el hojaldre cruja.

Romero confiesa que «al público le gustan las novedades», pero que al final «los tradicionales siempre van en la bandeja, como es el caso de la milhoja de merengue, el Manolete, San Marcos o petit suisse«.

Aún así le han dado forma, con ocasión del Día de San Valentín, a «tartas y dulces de auténtica alta costura para celebrar el Día de los enamorados«.

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Rocío Górriz/ Audiovisual: Miguel Valverde