Guillermo Cañada: «Ya se está decidiendo a quiénes se atiende y a quiénes no»

El médico afirma que al no disponer de los test, puede que la situación sea peor

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Foto: Guillermo Cañada

Ana María Barbero – INSITU DIARIO

Guillermo Cañada tiene 61 años. Es natural de Linares, pero actualmente reside en Priego de Córdoba. Ha dedicado la mitad de su vida a la medicina. En su trayectoria profesional ha trabajado montando dispositivos de los centros de salud, ha sido el director del Centro de Salud de Linares, ha atendido a pacientes en los Servicios Sociales y en geriátricos. También ha trabajado en UGT y estuvo liberado durante un periodo de tiempo. Como le faltaba emoción en su vida laboral, decidió trabajar en la UVI móvil de Priego de Córdoba, donde continúa después de cinco años. Allí es donde trata a los pacientes contagiados de Covid-19, uno de los municipios donde se detectaron los primeros casos de coronavirus en la provincia cordobesa. Desde entonces Cañada ha visto cómo la forma de atender a los pacientes ha cambiado dentro del hospital.

“La estancia media en cuidados intensivos de un paciente contagiado por Covid-19 es de 28 días. Esta situación no hay hospital que lo aguante”, afirma. “El hecho de que no se puedan dar altas médicas supone que en algún momento los hospitales alcancen su máxima capacidad y colapsen. De hecho, ya se está decidiendo a quiénes se atiende y a quiénes no”.

Según los datos oficiales de la Junta de Andalucía, es una realidad que el número de casos positivos, así como el de fallecidos, a causa del coronavirus aumenta diariamente en Córdoba. Sin embargo, el sanitario afirma que “ahora mismo se está dando un dato donde la mortalidad esperada no coincide con el incremento de la mortalidad por el virus”. Esto supondría que si en un fin de semana se esperan 1.000 fallecidos en condiciones normales, ahora están muriendo 1.700 personas. De estos 700 restantes, “algunos son por Covid-19 no identificado y otras son personas que no pueden acceder a la UCI, por lo que sus patologías se agravan y acaban falleciendo”.

En Wuhan, cuando se desató la pandemia, hicieron un hospital específico para tratar a los infectados. Además, contaron con unas dependencias anejas para el personal sanitario que estaba atendiendo ese hospital. Todo esto, aparte de tener personal específico para la desinfección de los servicios públicos, residencias o calles. Según cuenta Cañada, cuando observó que los casos de Covid-19 aumentaban rápidamente solicitó el día trece de marzo,al director médico del hospital, a su jefe directo e incluso al Sindicato Médico, que se habilitase un hotel o un edificio para aquellos sanitarios que no quisieran llevar el virus a su casa, para así estar aislados desarrollando su trabajo. A pesar de ello, no le concedieron su petición. “Para mí es fundamental aislar al personal sanitario de su familia para que estos no se contagien y el virus no llegue a propagarse”, afirma. Cañada se aisló de su familia antes de que decretasen el estado de alarma porque intuía lo que podría suceder. Sin embargo, “no me imaginaba el alto grado de virulencia que tiene”

«A pesar de las medidas de contención, la propagación del virus es muy alta», afirma este médico de UVI móvil

El 26 de marzo se conoció que los test de coronavirus comprados por el Gobierno español a una empresa china tenían una sensibilidad del 30% y puso la voz de alarma en los hospitales pues muchos de los test que se habían realizado podrían haber dado error. Según afirma Cañada, “al no disponer de los test, puede que la situación en España sea mucho peor, pues se están haciendo menos test de los que se deberían”. Los sanitarios son los únicos que se someten a estas pruebas de forma más frecuente, ya que están en constante contacto con pacientes contagiados de Covid-19. A pesar de ello, el médico ha conocido casos como el de “un auxiliar de enfermería de la sección de esterilización, donde no están en constante contacto con los pacientes, dio positivo en coronavirus. Su compañera de trabajo que estuvo en contacto con él pidió cita con la viróloga para realizarse la prueba. Sin embargo, ésta le atendió una semana más tarde. Por lo que ni el personal sanitario cuenta con la inmediatez”.

Según cuenta Cañadas, una de las incógnitas en España es cuánto porcentaje de personas es portador sano del virus. “Puede que la mortalidad sea de un 3-4%, pero eso implicaría que tendríamos el triple de infectados de los que en realidad se conocen. No es lógico que se contagie de esta manera, porque a pesar de las medidas de contención hay una propagación muy alta”, afirma. “La curva de personas que dan positivo no se hace más plana porque no hay suficientes hospitales ni centros de cuidados intensivos”. A pesar de ello, la cuarentena está ayudando a que deje de ser platicúrtica».

Sin embargo, este médico afirma que “según se está evolucionando el virus, lo lógico sería que acabásemos todos contagiados con una vacuna«. El “bicho”, como lo llama él, está suponiendo un 10% de mortalidad. «Con ese porcentaje habría que pensar en vacunar a toda la población, sobre todo a la población sensible”. El sanitario afirma que “lo normal es que el virus mute y que nosotros consigamos tener un sistema inmune activo para que no nos ataque como lo está haciendo hasta ahora”.

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