Historias de la cuarentena (Parte VI)

Un comercial de Córdoba capital cuenta cómo está afrontando la cuarentena y qué ambiente se respira en la calle

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Foto: Insitu Diario
Foto: RAM

LUCÍA MONTILLA – INSITU DIARIO

En esta sexta entrega de ‘Historias de la cuarentena’, Álvaro Mayorga, un comercial de Córdoba capital, cuenta cómo está afrontando la cuarentena por la crisis sanitaria del coronavirus y qué ambiente se respira en la calle.

Durante la primera semana de este confinamiento, Álvaro seguía trabajando como de costumbre, pero desde hace unos días su empresa ha decidido mandar a sus trabajadores a casa.

Aparentemente, su día a día durante esta primera semana de cuarentena fue normal, pero en su entorno laboral se dejaba ver una gran preocupación por contagiarse porque «muchos compañeros tienen niños pequeños que padecen de los pulmones y personas mayores cerca», cuenta. No obstante, «intentamos hacer bromas del coronavirus y cachondearnos un poquito, no por ser mezquinos, sino por sobrellevarlo mejor».

Afirma que ha seguido todas las medidas de precaución recomendadas por el Ministerio de Sanidad. Cuando llego a casa «me quito los guantes y la ropa del trabajo y los lavo, también lavo el móvil y las llaves», explica.

Álvaro está pasando estos días pintando la casa con su padre, dando clases de inglés por Zoom y haciendo deporte con sus pesas artesanales.

Asegura que «como la gente se aburre, aprovecha para hacer reforma en casa«. De hecho, su padre le ha mandado a comprar pintura para redecorar toda la casa, desde el salón a la cochera. Aunque, en un primer momento, no pudo comprarla porque solo se vendía a profesionales, ya han comenzado la reforma.

Con motivo de frenar la expansión del nuevo coronavirus es crucial limitar el contacto con otras personas y no salir de casa salvo en caso de extrema necesidad. Sin embargo, según relata Álvaro, «veo a mis vecinos dándose ‘paseitos’, no van ni a comprar, ni a sacar dinero, ni a sacar al perro. Aunque es triste ver que en la calle no hay nadie, esto lo veo una irresponsabilidad y más si son mayores».

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Cuando llegaba de trabajar estaban en la cola del supermercado las mismas personas que veía cuando se iba por la mañana. «La gente se da ocho o nueve paseos para ir a comprar. No puedes ir al supermercado porque te aburres porque a lo mejor hay personas a las que le hace falta ir y no han hecho la compra todavía», continúa.

«Veo aburrimiento y paranoia, he ido a comprar al Lidl y he visto a abuelas corriendo con toda su ‘armadura’ por los pasillos», comenta. Piensa que dentro del miedo y todo lo que se ve en las noticias, «hay personas que o se lo toman a chufla o tan en serio que la cabeza les va a explotar cualquier día» porque hay actitudes que no son normales. Álvaro reitera que «lo que hay que hacer es estar en casa con la familia y tomar precauciones«.

Opina que las cosas volverán a ir bien siempre y cuando «se paralice el país y se asegure una cohesión económica para que cuando se termine esto se vuelva a la normalidad». «Lo lamento mucho por las personas que directamente las echan con un ERE. Esas personas tienen que comer y contaban con un sueldo que ahora no van a tener. Hay muchos empresarios que se han aprovechado de la situación», concluye.

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