La excavación en el Patio de los Naranjos de la Mezquita confirma un gran complejo episcopal del siglo V

Ponen de relieve la Importancia de unos hallazgos que permitirán conocer el pasado del monumento

Arqueólogos

La excavación arqueológica que lleva a cabo el Cabildo Catedral de Córdoba en el Patio de los Naranjos de la Mezquita-Catedral de dicha ciudad ha confirmado la existencia, desde el siglo V, de un gran complejo episcopal, es decir, dos siglos antes de la invasión musulmana, a la vez que se han hallado restos de un edificio más antiguo, que se integra en el conjunto, y que se sitúan en torno al siglo III o IV.

Así lo ha dado a conocer este miércoles en rueda de prensa la institución capitular, a través de los arqueólogos Raimundo Ortiz y Alberto León, al presentar el estado de los trabajos de excavación, que ponen de relieve la importancia de unos hallazgos que permitirán conocer mejor el pasado del monumento, tomando como base las labores llevadas a cabo por el arquitecto Félix Hernández entre 1931 y 1942.

El origen de la actual intervención se sitúa en 2015, a raíz de un proyecto del Plan Nacional de I+D+I del Ministerio de Ciencia y Tecnología, en el que se propuso digitalizar los fondos del archivo personal de Félix Hernández depositados en el Museo Arqueológico, que incluyen la documentación que Hernández realizó durante las excavaciones arqueológicas en la Mezquita-Catedral y que consistían en aproximaciones muy superficiales y con una lectura muy parcial.

Se procedió a la recopilación y digitalización de un amplio repertorio de fotografías, tanto en negativos en cristal, como en positivos y negativos en acetato, además de croquis y anotaciones de campo, que aportaban cotas, profundidades y algún detalle descriptivo. Aunque lo más destacado de esta información eran los planos, tanto del interior, como del patio.

En los mismos se habían incorporado elementos que correspondían a edificios de más de tres siglos de ocupaciones y transformaciones sucesivas, con más de dos metros de diferencia de cota, lo que ha obligado a cambiar la interpretación que se tenía de las estructuras del interior de la Mezquita.

OBJETIVOS DE LA EXCAVACIÓN

A raíz de estos datos, el objetivo del Cabildo y del equipo de arqueólogos que desarrollan la intervención ha sido volver a excavar las estructuras en las que había actuado Félix Hernández, pero con una base metodológica actual, haciendo una lectura de todas las fases, completando los elementos que habían quedado sin resolver y realizando una lectura científica de la evolución del sitio desde la época romana hasta el momento de la construcción de la mezquita aljama.

En la presentación del año pasado se dio cuenta de una serie de columnas que definen un pórtico con un vestíbulo, rematado por exedras en los extremos y que darían paso a una crujía central con una serie de habitaciones de las que, de momento, se desconoce el acceso a las mismas. Hacia el Este del edificio se define un inmueble monumental con un gran muro de más de 30 metros de longitud que se prolonga por gran parte de la zona del patio excavada el año pasado, fechado en principio en el siglo V y que en una fase posterior es monumentalizado con un ábside y una serie de habitaciones que compartimentan dicho conjunto.

Además de ello, Félix Hernández documentó el alminar y parte del cierre norte de la mezquita de Abderramán I, mientras que con esta excavación se han podido documentar al menos seis o siete fases constructivas diferentes, no solo asociadas a la etapa tardo-antigua, sino también, con toda probabilidad, a la etapa de ocupación islámica previa y contemporánea a la construcción de la mezquita aljama.

El muro Norte-Sur superaría los límites de la mezquita aljama, que estaría creando un espacio más reducido y más al Sur que los límites del edificio. Este dato permitió a los técnicos desechar una primera hipótesis que tradicionalmente se había planteado sobre la orientación de la mezquita y la nave central de la construida por Abderramán I, que estaría sobre una calle romana.

Los arqueólogos ahora saben que no es así, porque esa calle estaría ocupada por este edificio entre el siglo V y VI. Un gran edificio que se define gracias al muro realizado en mampostería, y al que se asocia con un mosaico policromo documentado, uno de los pocos testimonios de pavimento que se tienen porque después de la conquista islámica se produjo un proceso de «arrasamiento» y de reutilización de materiales que afectó mucho a los edificios que existieron con antelación.

En una segunda etapa, ese edificio experimenta un proceso de monumentalización, alrededor del siglo VI. Un proceso que consiste en la incorporación de un ábside al que se entra a través de una puerta con un pavimento de mortero que servía de base para colocar unas losas de mármol. Se ha podido comprobar que al mismo tiempo se construyeron una serie de muros perpendiculares que definen distintas estancias.

EDIFICIO MÁS ANTIGUO

En los últimos días de excavación, además, se ha podido datar restos de un edificio aún más antiguo, que se integra en el conjunto y que se sitúa en torno al siglo III o IV y cuya identidad no se sabe aún con absoluta seguridad.

Sin embargo, los arqueólogos defienden que la investigación no debe limitarse a la localización de la iglesia de San Vicente, sino que habría que ampliar el foco para analizar un sector urbano mucho más amplio ocupado por un complejo episcopal, que existía en todas las ciudades episcopales del mundo mediterráneo y que estaba compuesto como mínimo por tres grandes edificios: la basílica episcopal, el baptisterio y el palacio del obispo (episcopium).

Un edificio de estas características servía para que el obispo ejerciera sus funciones públicas, pero también era un complejo con almacenes, capillas y todo aquello que estuviera vinculado con la actividad obispal en la ciudad.

La hipótesis que actualmente manejan los arqueólogos es que este complejo se extendiera hasta la Puerta del Puente, y el trabajo actual consiste en definir qué edificios formaban parte de ese conjunto. La pieza clave reside en el ábside, puesto que los edificios de época tardo-antigua, y en particular del siglo VI, que tuvieran un ábside sólo podrían ser o una iglesia o un espacio de representación.

Aparentemente el único espacio que encajaría en esta definición sería un espacio de recepción del obispo, y el ábside sería el lugar donde estaría el obispo para presidir las actividades públicas vinculadas con su función.

RESULTADOS DE LA EXCAVACIÓN

Se han identificado un par de fases plenamente romanas, de entre los siglos I y III. Están representadas por una primera etapa cuyo único muro está orientado Este-Oeste. El siguiente momento, con algunos muros más, ya presentan una orientación idéntica a la que se mantiene en época tardoantigua. Se asocian con restos de estucos, revestimientos pintados de varios colores (negro, rojo, verde, amarillo) y numerosos fragmentos de mosaico, todo removido como producto de la eliminación de las construcciones de esta fase.

La siguiente fase, ya perteneciente a un momento en torno al s. IV d.C., está representada por muros de piezas de sillería reutilizada, vinculándose, por ahora, todas estas ocupaciones con ámbitos domésticos. De los siglos V y VI tendríamos edificaciones pertenecientes al complejo episcopal anteriormente excavado y ya comentado, como el gran muro de mampostería asociado a pinturas y mosaico, y el ábside que posteriormente se le adosa.

La fase posterior ofrece la construcción de un pórtico de unos 23 metros de largo flanqueado por exedras en sus extremos que estaría abierto a la calle y funcionaría como acceso oeste al conjunto de edificios existente en el actual patio. El pórtico se completa con un cuerpo de estancias intermedias entre este acceso y el gran edificio situado más al este. La cronología de este nuevo edificio se sitúa en torno al tránsito entre los s. VI y VII.