Desde el estallido de la pandemia por covid-19 en marzo de 2020, los jóvenes españoles han sufrido las consecuencias económicas derivadas de la crisis sanitaria en mayor medida que otros grupos de población. En concreto, la generación de los millennials, comprendida entre los 24 y 39 años, se lleva la palma del paro, la precariedad laboral y la falta de esperanza en un futuro próspero.

Según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), un 20,05% de los jóvenes andaluces, con edades comprendidas entre los 25 y los 54 años, se encontraba en paro en el primer trimestre de 2020, un porcentaje que ascendió de forma progresiva hasta llegar al 20,28% de jóvenes parados en el segundo trimestre del mismo año. La cifra aumentó 2,21 puntos hasta situarse en la cifra histórica de 22,49% en los meses de julio, agosto y septiembre. La tasa no alcanzaba niveles tan altos desde 2018.

En lo que respecta a las edades comprendidas entre los 20 y los 24 años, el 38,01% de los jóvenes no tenía trabajo al inicio de la pandemia, y este porcentaje fue ascendiendo hasta alcanzar la cifra del 48,47% de parados en junio de 2020.

Datos en Córdoba

El caso de Córdoba es igualmente preocupante. Según registra el Servicio Público de Empleo Estatal (SEPE), en marzo de 2020 7.139 hombres jóvenes de los 25 a los 44 años estaban en paro en la provincia cordobesa. Mayor aun es la cifra de mujeres jóvenes de la misma edad que se encontraban sin empleo, 9.881, en el mes de la primera ola de los contagios.

La solidaridad de los jóvenes cordobeses. Foto: Insitu

Desde entonces, las posibilidades de los millennials cordobeses de lograr la independencia económica dentro de la provincia, ya de por sí complicada para el empleo juvenil, han mermado aun más.

«Desde que empezó la pandemia estoy en paro y si antes de la pandemia ya era complicado conseguir trabajo, ahora es algo que podría considerarse incluso utópico. No ves ninguna salida a esto», cuenta a este diario Fran Luna Rino, de 27 años, con formación en Bellas Artes y un máster en restauración, quien ve con «frustración» una situación de la que no saca «nada positivo», comenta, aunque es consciente de la «suerte» que tiene al contar con el respaldo de su familia.

La frustración es una sensación que conoce de cerca Fernando Vega Cros, de 31 años, pintor en paro, quien no ha podido acceder al ERTE y que ha perdido su trabajo en dos ocasiones durante la pandemia. «Llevo desde navidad sin poder trabajar», declara Fernando, que reivindica una mayor atención del gobierno a otros sectores además del hostelero, como el del comercio o la construcción.

Reducción del gasto en ocio y formación

La falta o pérdida de empleo en los millennials conlleva una reducción obligada del gasto en ocio y, lo que empeora aun más la situación de precariedad a largo plazo, en formación. Es el caso de Pilar García de la cruz, de 27 años, psicóloga de formación, artista y, hasta que la crisis sanitaria la empujó al ERTE, empleada de hostelería.

«Mis ingresos actuales vienen del ERTE, que constituye un setenta por ciento de mi sueldo, y, claro, esto ha afectado a mi vida diaria», explica Pilar García. Ahora la joven pasa mucho más tiempo en casa; estudia dibujo y diseño de manera autodidacta y procura «distraerse para no pensar mucho», aunque «la ansiedad aceche», aclara. Su ocio se ha visto resumido a «ver series y películas, o a leer», comenta Pilar García de la cruz, quien tampoco se olvida de quedar con sus amigos una vez a la semana para que la cabeza «no le explote» al pensar en una situación que, espera, cambie pronto para lograr la «estabilidad y la tranquilidad» que tanto ansía.

Fernando Vega ni siquiera ha querido arriesgarse en compartir sus momentos de ocio con amigos y familiares, para no contagiarles, pero sus gastos se han reducido en otros aspectos más esenciales ya que, «al tener más difícil el pago del alquiler y la luz por no recibir ayudas ni trabajar, vivir es más complicado», explica el pintor. Suerte que sus padres le ayudan con la compra de la comida del mes porque «asumir los gastos de las mascarillas y los geles», declara Vega, es una complicación extra que «debería asumir el estado», reivindica el joven.

Incertidumbre ante el futuro

«Quiero ser positivo respecto al futuro, tener la mente abierta y pensar que la solución va a llegar lo antes posible y que, cuando se solucione, la actividad económica va a volver junto con el trabajo», reflexiona Fran Luna. Este es el sentimiento general en una generación que creció impulsada por la promesa de un futuro económico próspero, muy lejos de los inconvenientes que tuvieron que afrontar sus padres y abuelos y, aunque cada época tiene sus problemas, las referencias para afrontar la situación inédita de una pandemia global son escasas. Las medidas de protección social adoptadas no son exitosas en todos los casos.

Mientras que para Fernando Vega, las soluciones planteadas por el gobierno para ayudar al sector juvenil son «insuficientes», Fran Luna ve «complicado» que «las medidas tomadas por el gobierno estén a gusto de todos» ya que, como sociedad, debemos ser «responsables y consecuentes» con nuestras acciones, explica.

Incertidumbre. Es la palabra dominante. Quienes tienen la suerte de poder salir adelante gracias al apoyo de sus familias, como es el caso de quienes han expuesto su situación a este diario, Fran Luna Rino, Pilar García de la cruz y Fernando Vega Cros, miran al futuro con esperanza. Son jóvenes, después de todo. Pero otros millennials, como la camarera y madre de 29 años, que prefiere omitir su nombre, y que ha estado hasta tres meses sin cobrar el ERTE, lo tienen más difícil. «Impotencia», así lo define. «Hay meses en los que no puedes ni sobrevivir», añade la joven que lleva desde los 18 años trabajando en hostelería.

«Todo esto nos ha demostrado que el mundo sí puede cambiar de un día para otro, así que yo también estoy en proceso de cambio», declara decidida Pilar García de la cruz.

El deseo contundente de los millennials de Córdoba es que ese cambio llegue pronto y lo haga a mejor.

Pilar Montero

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