Los parques y las azoteas, las nuevas discotecas

La Covid-19 ha afectado también a las relaciones personales de los jóvenes y así lo han señalado algunos de ellos

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Lluvia en el centro de Córdoba. Foto: Miguel Valverde
Lluvia en el centro de Córdoba. Foto: Miguel Valverde

Desde el comienzo de la pandemia y, sobre todo, desde el final del confinamiento, la vida de los jóvenes ha cambiado mucho. El coronavirus ha modificado la forma de estudiar, la forma de relacionarse y de divertirse. Las restricciones como el cierre de la hostelería a las 18:00 y el toque de queda a las 22:00 hacen que las oportunidades para divertirse sean realmente limitadas.

Con esta ausencia de contacto social, el uso de las redes sociales ha aumentado. Según José Manuel Aguilar, psicólogo y profesor en la Universidad Loyola Andalucía, “a nivel social, la necesidad de establecer relaciones sociales se ha paliado con el uso de las redes sociales, pero eso no es sino otra ilusión, ya que no pueden nunca sustituir el contacto directo o físico”. Entonces, ¿qué hacen los jóvenes para socializar y divertirse?

José Manuel Vázquez cuenta que su horario de salidas se ha visto totalmente alterado. “Antes solía salir mucho más tarde, ahora o sales por la mañana o al medio día o es imposible salir a tomarte algo. Ahora, después de las 18:00 mis planes se basan en estar en casa o en azoteas con amigos. Como mucho, podemos salir al parque o a algún espacio al aire libre”.  José Manuel explica que antes de la pandemia solía salir mucho de fiesta con sus amigos, pero ahora “las azoteas y los parques se han convertido en las nuevas discotecas”.

Por otra parte, las restricciones han hecho que el número de personas que pueden juntarse se vea muy reducido. Según Julián Garrido, «coartan mis derechos fundamentales, además de fomentar el individualismo. Luego la gente se junta en las casas y, por ejemplo, en los programas de televisión esto se incumple». Otros jóvenes como Paula Barbudo, piensan que «estas restricciones son necesarias, aunque pienso que las cosas podrían hacerse mejor. Cuando la curva baja, las restricciones también, y eso hace que la curva vuelva a subir».

Algunos jóvenes como Jesús Berni, lo que más echan de menos son las concentraciones de personas. «Cuando esto acabe lo primero que voy a hacer es irme de festival o de fiesta, pero no me imagino cuándo se volverán a repetir esos momentos«, se pregunta Jesús. Otros, como Lidia Blanco, lo que más echan de menos es la libertad. «Poder salir cuando quería, volver cuando quería, estar un bar tranquilamente, no tener miedo», cuenta Lidia. Por su parte, Paula cuenta que lo que más echa de menos es el contacto físico. «Ahora, cuando ves a un amigo no puedes darle ni un beso ni un abrazo«, se lamenta Paula.

Luisa del Rosal.

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