Mansour Corpas: «En el Estrecho volví a nacer»

Mansour Corpas Santiago llegó a España con quince años en patera, estudió empresariales y a día de hoy es presidente de una asociación

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La situación de Melilla y Ceuta como enclave español en suelo continental africano implica que son el único punto de entrada terrestre a la UE desde este continente. Ello convierte a estas ciudades en el objetivo de miles de migrantes cada año, muchos de los cuales huyen de conflictos armados o persecuciones por las que podrían obtener el estatus de refugiado. Quienes tratan de cruzar la frontera ilegalmente lo hacen saltando la valla, escondidos en vehículos o por mar en una embarcación, pero no todos lo logran. Mansour Corpas Santiago fue una de las personas que consiguió llegar.

Mansour estudió empresariales y actualmente es presidente de la asociación Kala, pero antes de todo eso fue MENA, como él mismo se define. “Yo vine en el año 2001 en patera, en aquel entonces no había tanto control y el trayecto era más corto por la zona del estrecho entre Tánger y Algeciras”.

En busca de una vida mejor

Melilla tiene 85.000 habitantes y está rodeada de la frontera más fortificada de la Unión Europea. Doce kilómetros de largo y seis metros de alto separan a Marruecos de España y suponen el último obstáculo para quienes se proponen llegar a Europa.

“Peligros hay muchos cuando saltas la valla, pero con 15 años no eres consciente de los riesgos a los que te expones. Al montarme en patera con esa edad, yo no sabía ni nadar, y antes de llegar a Algeciras tuvimos que saltar de la lancha. La gente empezó a ponerse nerviosa y a saltar, yo estuve a punto de ahogarme, pero una de las personas del grupo consiguió arrastrarme hasta la orilla”, cuenta Mansour.

Mansour Corpas, presidente de la Asociación Kala. Foto: Miguel Valverde

Los migrantes que tratan de saltar se exponen a cortes y lesiones por caídas mientras las fuerzas de seguridad marroquíes y españolas patrullan para neutralizar sus intentos de cruzar a España.

“Estuvimos dos días y dos noches caminando por la sierra de Cádiz porque nos dijeron que no camináramos por carretera. Llegó un momento en que yo me encontraba débil y no podía seguir y decidí abandonar el grupo para buscar ayuda. Conseguí llegar a una casa en la que me atendieron y me llevaron al hospital. Después llamaron a la asociación Pro Derechos Humanos y me trasladaron a Córdoba. Me iban a meter en un centro de menores, pero tuve suerte y una familia cordobesa me acogió”, comenta Mansur.

De cruzar el Estrecho a presidente de una asociación

La asociación Kala se constituye en Córdoba el 26 de enero de 2005, por un grupo de personas a las que no deja indiferente la realidad de jóvenes inmigrantes, en su mayoría ex tutelados, que viven en la calle y no tienen ni casa ni referentes en esta ciudad que les permita desarrollarse.

“Siempre digo que yo volví a nacer en el estrecho, no solo por salvar mi vida si no por todo lo que me pasó después. Cuando empecé a tener una vida normal, sentía la obligación de tener que echar una mano y ayudar a chavales en mi misma situación y que necesitan ayuda. Una vez hice mi vida normal y fui avanzando, decidí crear la asociación”, dice Mansour.

Mansour Corpas, presidente de la Asociación Kala. Foto: Miguel Valverde

La existencia de niños, niñas y jóvenes inmigrantes en nuestra tierra es una realidad que seguirá existiendo mientras, por un lado, en sus países de origen no se promuevan unas condiciones socio-económicas más justas para sus habitantes y, por otra, siga ensanchándose la distancia entre países.

“Nacimos en el año 2005, para cubrir las necesidades de los chavales que vienen aquí. Tenemos un piso de acogida, donde ofrecemos comida y techo, vivir en dignidad, para que puedan terminar sus proyectos formativos y para que encuentren trabajo. También apoyamos y asesoramos administrativamente y en temas burocráticos, además de búsqueda de empleo y formación”, cuenta Mansour.

Redes de apoyo para migrantes

La asociación se centra en aquellos jóvenes que iniciaron sus proyectos migratorios solos, sin compañía de familia o adultos que los guiaran o acompañaran. Esta finalidad se encuentra avalada por dos motivos, la existencia en la asociación de jóvenes que se encontraron en esa situación y quieren facilitar el camino a los que se encuentran aquí y ahora en peor situación, y la constatación de que son los más expuestos a la vulnerabilidad social, ya que a los riesgos comunes que les supone emigrar, a este perfil de joven se le une un riesgo mayor, la falta de familia o de adultos que les sirvan de referencia o les marquen pautas educativas.

Mansour Corpas, presidente de la Asociación Kala. Foto: Miguel Valverde

La asociación entiende que han de crearse redes de apoyo personal para estos jóvenes inmigrantes que les faciliten la vida y eviten situaciones no deseables para nadie, situaciones que podrían acabar con los sueños que pusieron, ellos y sus familias, en el proyecto migratorio.

“Lo que ocurre en Ceuta y Melilla es una situación delicada. Está claro es que es un asunto político, donde hay intereses de Marruecos y de la Unión Europea. No me parece bien es que se utilice a la gente como arma arrojadiza, cuando es un problema diplomático que se debería hablar y buscarle una solución”, dice Mansour.

Proyectos de la asociación Kala

Como las redes de apoyo tienen que cubrir las diferentes vertientes de la vida que se dan tanto en la calle como en el hogar, la asociación Kala centra sus acciones en dos proyectos: Proyecto de calle y Proyecto Piso Hogar.

El Proyecto de Calle es para acciones de ocio y tiempo libre, apoyo y acompañamiento en materia legal, de salud, laboral, educativa.

El Proyecto de Piso-Hogar para mayores de 18 años que se encuentren solos, donde se les brinda el afecto y la calidez humana que necesita toda persona para crecer y madurar.

Mansour Corpas, presidente de la Asociación Kala. Foto: Miguel Valverde

“Me parece repugnante cuando los políticos hablan de los MENAS. Yo he sido MENA, vine con 15 años y llevo 21 años aquí en Córdoba. No he tenido ningún tipo de ayuda por ser MENA. Conozco mucha gente y nadie tiene ayuda de lo que ellos hablan. Es una manera de encontrar un chivo expiatorio para conseguir rédito político. Partidos con ese mensaje no deberían tener cabida en una democracia madura, donde se basan en el engaño”, finaliza Mansour.

Álvaro Castilla/Fotos: Miguel Valverde

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