«Mi consuelo es pensar que el planeta descansa de nosotros y de ese ritmo tan frenético»

Un herrero cordobés cuenta cómo está afrontando la cuarentena

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LUCÍA MONTILLA – INSITU DIARIO

En la novena entrega de ‘Historias de la cuarentena’, Miki Fernández, un herrero cordobés cuenta cómo está afrontando la cuarentena por la crisis sanitaria del coronavirus y en qué nuevos proyectos se está embarcando.

Hace ya casi un mes, el Gobierno declaró el estado de alarma y, por tanto, el confinamiento se convirtió en el centro de nuestro insomnio. Aquel día nuestro mundo se puso patas arriba, las fabricas pararon, las tiendas se vaciaron y todos los planes que teníamos pendientes quedaron olvidados. Desde entonces soñamos con viajar más allá del supermercado y con ver el cielo por encima del tejado.

Miki Fernández se dedica profesionalmente a la herrería artística desde hace más de 20 años. Se formó en talla artística en madera en la Escuela de Arte Mateo Inurria y en escultura, vaciado y ebanistería en la Escuela de Arte Dionisio Ortiz. Además, asegura que lleva desde que era pequeño componiendo, escribiendo e interpretando canciones. «Se podría decir que soy cantautor, uno más», añade.

Desde que empezó la cuarentena no ha parado de crear y de componer con su guitarra. Una de las últimas piezas que ha forjado es un escarabajo. Esta obra pretende ser un objeto purificador para que «me proteja a mí y de paso a todo el mundo». Además se ha embarcado en un nuevo proyecto en el que trata de «jugar con las diferentes profundidades de las mallas».

Considera que su situación actual es estable y buena porque «tengo una familia maravillosa que es la mayor riqueza que existe». «Tengo muy buenos amigos y nos ayudamos en lo que podemos» tanto económicamente como emocionalmente. Miki trata de vivir el presente y no pensar en un futuro que aún no sabemos qué nos deparará.

La cuarentena a nivel emocional le ha influido bastante, pero trata de llevarlo lo mejor posible. Intenta mantenerse positivo el máximo tiempo posible porque se siente muy afortunado. Se siente privilegiado de vivir en el campo y de tener su taller en casa. Disfruta de sus tres pasiones: hacer música, desarrollar sus trabajos y disfrutar de la naturaleza.

Asegura que lo que más le inquieta es la situación que deben de estar viviendo las personas «que tienen menos posibilidades ecónomicas, las que no tienen techo, las que sufren violencia de género y los inmigrantes tanto aquí como en cualquier otro lugar». El herrero afirma que sufre al pensar en estas personas porque, al fin y al cabo, «aunque los que vivimos en un piso estemos viviendo esta ansiedad y preocupación, tenemos comida y tenemos salud emocional«.

Considera que el encierro ha incentivado la desconfianza y la psicosis colectiva. Echa de menos las miradas confiadas.

Limpiar la casa se ha convertido para muchos en una de las actividades más habituales durante la cuarentena. Con motivo de desinfectar todas las superficies del hogar y defenderse del «bicho», nuestros suelos están más limpios que nunca y ya no hay polvo en los recovecos del armario. Algunos, incluso han rescatado del desván viejos recuerdos que estaban abandonados.

«Estaba ahí limpiando la casa como todo el mundo y me encontré un vestido de novia de mi hermana que había guardado aquí y yo no me acordaba. Me lo puse y grabé un vídeo», cuenta. Inspirado por este recuerdo, escribió su última composición musical Boceto Pandemicómico, lo que él mismo describe como «arte pandémico». Hace dos días que sacó, junto a su amigo Raphavn, el videoclip casero. El tema lo ha enfocado desde el humor y la parodia, que en estos tiempos hace más falta que nunca.

Nunca habíamos visto el aire tan limpio ni los árboles tan frondosos. Los animales están empezando a ocupar el hueco que nosotros hemos dejado. Parece como si la naturaleza de una vez por todas hubiera recuperado su ansiado espacio.

«A veces mi consuelo es pensar que el planeta descansa de nosotros y de ese ritmo tan frenético», expresa. Explica que siempre se agarra a este pensamiento y mira al planeta «como si fuera mi propia madre» para poder «alegrarme de él».

Cree que todo lo que es prohibir es siempre molesto. Sobre todo por lo que provoca en la sociedad y en las personas.

Miki actualmente vive solo y se comunica con su familia como nunca lo había hecho. Las llamadas son diarias y afirma que «nunca había estado tan cerca del teléfono como ahora». Según él mismo, no es una persona que utilice mucho el teléfono porque cree que «es un poco enfermizo». No obstante, en tiempos de coronavirus, se ha convertido en una herramienta indispensable para mantenernos conectados con el mundo.

Su barrio es tranquilo y los días pasan con calma. Cree que la gente está intentando portarse lo mejor que puede y hacer caso a las medidas adoptadas por las autoridades. Todos están luchando por aportar su granito de arena para que la situación mejore.

En estas semanas únicamente ha ido dos veces a comprar. Confiesa que intenta salir lo menos posible porque le afecta ver el ambiente «rancio» y «psicótico» que algunas personas desprenden cuando pasean por la calle o van al supermercado. Por otro lado, cree que hay que entender que hay muchas personas que están sufriendo mucho en esta crisis y que necesitan salir un poco más.

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