El mundo de la estética le pone buena cara a la pandemia

Los esteticistas intentan que los cordobeses sigan presumiendo a pesar del uso de la mascarilla

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Hace ya un año que la pandemia arrasó con la vida que conocíamos hasta ahora. Así, el accesorio por antonomasia de la pandemia ha sido la mascarilla, con todos los estampados posibles. Y es que, un objeto que nos cubre la cara ha hecho que busquemos lucirnos de otra manera, poniéndole especial atención a otras zonas que quedan visibles como son las pestañas, cejas y uñas. En definitiva, una manera de reflejar la estética y el estilo personal covid free.

Richard se dedica a «salvar la salud de la uña e intentar no estropearla», porque explica que si no lo hace de esa forma la clienta cuando vuelva una segunda vez ya no lo hará una tercera. Richard Nails, local especializado en manicura y pedicura, comenzó hace cuatro años, comenzó poco a poco en sus ratos libres, pero «me apasionaba cada vez más y decidí montar de la nada».

La vuelta al trabajo después del confinamiento ha sido «difícil» y para que las clientas se sientan seguras llevan a cabo una desinfección la cual admite que no ha sido por la covid, sino que desde siempre ha cuidado los utensilios con los que trabajaba. «Lo único que ha cambiado ha sido limpiar la silla de la clienta», además Richard utiliza una mampara de plástico entre él y la clienta.

A pesar de todas estas medidas, el dueño de Richard Nails ha notado la disminución de clientas, hasta un 50%. Además, «con los horarios, a las seis de la tarde mucha gente sale de trabajar y no puede venir a hacerse las uñas». Sin embargo, Richard admite que disfruta de su trabajo y que le encanta la diversidad de personas que vana a su local pidiéndole uñas de todo tipo.

Laura Cruces es dueña de Urbain Beauty, un local en pleno corazón de Ciudad Jardín donde con tan solo 18 años empezó sus estudios relacionados con estética. Después se especializó en el diseño de cejas y el microblading y empezó a trabajar y decidió montar su propio negocio. “Me di cuenta de que el mundo laboral en la estética no estaba bien remunerado y había que echar muchas horas, por lo que me planteé montar un negocio”.

A los tres meses de abrir, el virus obligó al confinamiento domiciliario, lo que conllevó que Laura tuviera que cerrar el local. “Yo empecé a buscar locales en diciembre, cuando todavía no se había hablado de la Covid-19 en España. Abrí en enero y ya a los meses empecé a escuchar que había un virus y que había que tener precaución y que iban a cerrar los negocios, entonces me alarmé un poco”. Esto hizo que viese su proyecto “como una película” y empezó a plantearse que no había sido una buena idea. 

Laura admite que no ha notado que haya pocas clientas en su establecimiento después del confinamiento con respecto a los primeros meses, en los que estuvo trabajando y no había situación de pandemia. “Los negocios de estética han tenido buena suerte porque la gente todavía se quiere arreglar”, asegura Laura.

Para evitar que haya contagios en Urbain Beauty, su dueña utiliza el termómetro, gel hidroalcohólico, una limitación de aforo y mantener la distancia de seguridad.

Triz Nails and Beauty en cambio abrió el pasado 2 de marzo, en plena pandemia. Beatriz Rosa es su dueña y con 23 años se ha lanzado a abrir su propio negocio de estética en el barrio de Fátima, una idea con la que lleva soñando desde pequeña y la cual la Covid-19 no le ha conseguido arrebatar. «Triz Nails surgió porque llevaba mucho tiempo teniendo en mente abrir un negocio y cuando he abierto cuando he creído que tenía la experiencia y la clientela suficiente».

En su local se hace sobre todo manicura y pedicura, pero también se dedica a las cejas y las pestañas. Para Beatriz, abrir un negocio en plena pandemia era todo un reto, sin embargo su ilusión le ha hecho conseguir tener la agenda completa en su primera semana de trabajo. «Me daba un poco de miedo, pero también tengo la tranquilidad de que tengo varias clientas fieles».

La gente viene a los centros de estética aunque estemos con esta situación. Beatriz ya trabajaba antes en otros negocios de manicurista, peor una vez ha abierto su centro «Creía que con la Covid-19 la gente iba a ser más reacia a venir al centro, pero yo creo que cumpliendo todas las normas necesarias, la gente no tiene miedo», explica Beatriz, que asegura que no ha tenido menos afluencia de clientela.

Además, la dueña de Triz Nails piensa que en el mundo de la estética no ha notado este incremento de limpieza y desinfección porque «hay que ser muy pulcro» y explica que lo que sí hace nuevo es limpiar la silla y el sofá de espera cada vez que alguien se sienta.

En definitiva, los cordobeses queremos seguir luciendo lo mejor posible con las nuevas alternativas que se pueden adoptar y vernos bien aunque la mitad de nuestro rostro se mantenga oculto. Gracias a los esteticistas eso es coser y cantar.

Belén Tobajas

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