PINK STAR: DIVERSIÓN, EMPODERAMIENTO Y REIVINDICACIÓN DE LA MUJER EN LA HISTORIA DE LA MÚSICA

Un recorrido gamberro por canciones y cantantes de parte de una banda que ya no cree en cuentos de hadas

PINK STAR

Todo comenzó cuando en pleno confinamiento se nos ocurrió que sería necesario y oportuno conformar un grupo exclusivamente de chicas que reivindicaran el papel femenino en la música de los últimos tiempos y dieran un golpe sobre la mesa acerca del rol que juega la mujer en los escenarios hoy día. Fuera floreros, dentro guerreras. Luego recordamos la frase que M, la capo del M16, dedicaba a James Bond en ‘Goldeneye’ (1995), y que concluía con una contundencia casi tan letal como la de sus más feroces enemigos: «Yo creo que eres un dinosaurio sexista y misógino. Una reliquia de la Guerra Fría». ¡Alguien cantando las cuarenta al mito! La idea había encontrado un hilo del que tirar. Y tiramos de él.

Pivotando sobre esa valiente aseveración y sobre la aplaudida llegada de ¡una jefa! a la vida del espía, que abofeteaba sin manos al mito trasnochado, comenzamos a unir las piezas del puzzle. Y, por qué no, sería como lo haría M: sin miedo, sin paños calientes, sin rencores y… sin vergüenza.

Desde la agencia de creatividad artística Uvevoz se trazó una alianza con la distribuidora y productora Navarock y se puso en marcha un casting para acometer la no fácil tarea de encontrar a quienes debían dar forma y alas al proyecto: las chicas. Seleccionar cantantes femeninas en Córdoba no es difícil, pero la cosa se complica cuando avanzamos en guitarristas, bajistas y… ¡batería!. Pero fueron apareciendo por el local de ensayo y dejándonos boquiabiertos por su ímpetu, valía e ilusión con el proyecto, que cuenta con el guitarrista y productor Juan Carlos Pastrana como director musical.

PINK STAR

Así nació Pink Star, con Asun Barasona a la voz, Alicia Cáceres a la guitarra, Eli López al bajo y Manuela Sánchez a la batería, cuatro artistas de armas tomar que captaron de inmediato la esencia de lo que pretendíamos fuera una banda alejada del concepto del típico grupo de versiones, para adentrarse en la revisión de temas musicales de las últimas décadas con una postura nada complaciente, guerrera, rescatando canciones archiconocidas que en su mayoría tenían en común dos cosas: la diversión y la actitud empoderada de quienes las interpretaron.

La situación actual del mundo de la música, lastrado por el COVID, requiere nuevas apuestas que además se amolden a unos tiempos que las reclaman descargadas de una simplista visión estética y sonora de unas chicas sobre el escenario. Pink Star esgrimen una combatividad extra y un papel ejecutivo ante la propia situación de la mujer en la sociedad, aún azotada por la violencia machista y la discriminación por género, al tiempo que se involucran en una rebelión contra lo injusto y contra la actitud, en el mejor de los casos complaciente, cuando no manipuladora, hacia el papel femenino sobre los escenarios, aún condenado demasiadas veces al adorno y la exhibición.

Al modo de un comic, Pink Star se sumergen en un metafórico duelo en el que ahora ellas son las malas, las villanas, y toman el control para amargar la vida a un machista recalcitrante, James Bond, que confiesa haber perdido el sueño por su culpa. En 007 se encarnan no solo las afrentas contra las mujeres, sino también otros conceptos distorsionadores que no solo agreden a la condición femenina sino que inquietan, cuando menos, a toda la sociedad: la injusticia, la desigualdad, la discriminación, la insolidaridad, los extremismos o la violencia.

Ahora ellas tienen el poder y toman el control sobre el escenario para rescatar himnos generacionales con voz de mujer y algunas otras piezas ahora reinventadas desde su prisma femenino. Desde Gloria Gaynor a The Bangles, Los Romeos, Amaral, Alaska, Roxete o Joan Jett, pasando por clásicos del rock o apostando por la contundencia del punk. Un repertorio agitado, no mezclado, beligerante con el conservadurismo trasnochado de los Bond que aún nos rodean, en el que el humor congenia con un empoderamiento sonoro al que no se resiste ningún género musical. Un recorrido gamberro por canciones y cantantes de parte de una banda que ya no cree en cuentos de hadas y que ha llegado para perdonar la vida a los malos, no sin antes afearles sus actos. Ahora son ellas las que dan licencias, para bailar, para exigir, para presentarse en tu fiesta sin estar invitadas y liártela parda.