Postales a 2,8 – La gitana olvidada

Diario de una reportera

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LUCÍA MONTILLA – INSITU DIARIO

Llevamos ya ocho días de abril y tengo menos alergia que nunca. Esta semana parece que el sol se hubiera decidido a darme la espalda. El cielo está nublado y he dejado de jugar a ver formas en las nubes. Los días siguen pasando y lo único que me queda por hacer es ir del salón a la cama en menos pasos. Estoy en casa, pero siento los barrotes de esta jaula cada vez más cerca.

Me he levantado pensando en que este encierro puede que acabe más bien tarde que pronto. He comprendido que aún queda mucho que ganar y aún más que perder. Sin embargo, he decidido que ya es hora de sacar los zapatos de flamenco y ponerme a taconear.

Si algo aún no se ha cobrado el confinamiento son mis ganas de subirme al tablao y bailar como si junio estuviera a punto de aparecer. Este año nada ni nadie va a impedir que me llene el vestido de albero.

Sea en mayo o en octubre, este año voy a bailar mirándola cara a cara; voy a derramar la copa de vino de alguien que se acerque a saludar y voy a llegar descalza a casa. Voy a rescatar los viejos trajes del desván y voy a lucir uno cada día de la semana.

Este año, Córdoba echará de menos su florido mayo, pero octubre será apoteósico. Este año, quien se retrasa es la mismísima feria y nos tocará a nosotros esperarla en la portada; pero, tranquilos, que volverá más grandiosa que nunca. Cuando todo esto llegue a su fin y las calles vuelvan a vivir, recuperaremos el tiempo, pero no volveremos a ser los que éramos.

Esta vez apreciaremos más correr por la Ribera, hacer un picnic bajo la sombra del avión o simplemente dejar que la brisa del Guadalquivir llene nuestros pulmones. Esta feria estaremos más unidos y tendremos más que nunca algo que celebrar.

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