Los abuelos, las grandes víctimas del coronavirus. Lees algunas noticias, enciendes el televisor y parece todo dirigirse a los jóvenes. Restricciones y sanciones para frenar la expansión del Covid-19 en la calle. Y, poco a poco, el virus llega a las residencias de mayores. Al igual que sucedió en la primera ola de la pandemia, la historia se repite. En la provincia de Córdoba, seis residencias conviven con el que era su peor temor, el coronavirus. ¿Qué sienten los trabajadores al ver a sus mayores contagiados? Personas vulnerables, inocentes que, sin poner un pié en la calle, se ven luchando contra la pandemia. ¿Y los familiares? Desde sus casas, sin poder ver a sus padres, sus abuelos; sin poder mover un sólo dedo por auxiliarlos. Por curarlos. ¿Existe un elixir mágico para sanar a estas personas? Aquellos que hace unos años trabajaban de sol a sol, aquellos que conocieron la guerra. Desde hace meses, se encuentran entre cuatro paredes, sin voz. Pero, ¿están en peligro los mayores? Entre el miedo y la desesperación, Insitu Diario quiere mostrar la otra cara de la pandemia. Residencias libres de Covid-19, donde los abuelos ríen, están acompañados y, lo más importante, se cuidan como lo que son: una gran familia. La residencia de mayores de San Juan de la Cruz de Córdoba es una de ellas y este es un reportaje para animar a sus empleados a seguir luchando como lo que son: héroes.

Unos 84 residentes y más de 60 trabajadores, el batallón anticovid en San Juan de la Cruz

Sin que los abuelos lo sepan, en San Juan de la Cruz han montado un batallón para impedir la entrada al virus. Más de 60 empleados, mujeres en su mayoría, se organizan cada día en tres turnos para cuidar de los 84 residentes que dependen de ellos. 

Residencia San Juan de la Cruz
Residencia San Juan de la Cruz

En primera línea de la trinchera se encuentra la directora de San Juan De la Cruz, María del Carmen Nevado. Asegura que “hay mucho trabajo, mucho estrés”. No obstante, garantiza que se lleven a cabo todos los procedimientos, que “han cambiado para cubrir las necesidades afectivas”. Continua que los mayores “no tienen relación con la familia como antes”, por ello, “todo el equipo interdisciplinar se dedica a hacer videollamadas”. Entre hueco y hueco de trabajo, las empleados se concentran para hacer llamadas grupales, un detalle muy agradecido, sobre todo, por los abuelos. A pesar de ver a través de las pantallas móviles a sus familiares, saben que no los olvidan. 

El inicio de la pandemia fue “caótico”, cuenta Nevado. “La normativa exigía cuatro zonas diferenciadas y dormitorios individuales”. Medidas complicadas de llevar a cabo. No obstante, en esta residencia se empeñaron hasta conseguirlo. Ahora, para ganar en espacio y cumplir con las medidas, utilizan la iglesia como sala de actividades.

Aprender a lavarse las manos para ser autónomos

Pero, ¿los abuelos no sospechan de que algo raro sucede fuera? “Ellos saben todo, ven las noticias todos los días y, el que no ve la televisión, se le explicó la situación. Se les indicaron las medidas y, si nos llega una normativa nueva, les damos una charla para contarles las novedades”. La directora explica que “le enseñamos cómo tienen que lavarse las manos para que lo realicen de manera autónoma y, si se les olvida, estamos para recordárselo todas las veces que sea necesario”. 

Se puede pensar que, al convivir en el mismo centro, se mueven a sus anchas por las instalaciones. “No, no”, aclara Nevado. De hecho, “han llevado muy mal las distancias entre ellos y tener que sentarse separados”. En San Juan de la Cruz fijaron los sillones dándose la espalda los unos con los otros, tal y como indicaban las medidas para evitar los contagios.

Ahora respiran un poco de calma. En un principio separaron las salas para los aislamientos preventivos (cuando llegaban nuevos ingresos), para los trabajadores, aquellos residentes con deterioro cognitivo. “Gracias a Dios, no hemos tenido ningún contagio”, celebra Nevado. Al tratarse de una residencia libre de Covid, han utilizado todo el centro. No obstante, tienen preparado su Plan de Contingencia si, en el peor de los casos, surgiera un brote. 

Limitar las visitas familiares, una medida para evitar los contagios

“En cuanto pudimos, cerramos”. Fue tranquilizador cerrar las puertas a las visitas, “dificultaba la entrada del virus”. Sin embargo, la nueva normativa de la Junta de Andalucía permite la visita de los familiares. En este caso, el párroco de la iglesia de la Trinidad, José Juan Güeto, “pidió que los residentes que no salieran del centro y que controláramos las distancias con las visitas”. Recomiendan las salidas imprescindibles para el médico. No obstante, “las familias han respondido muy bien y han colaborado para evitar la propagación”. 

Respecto a estas visitas, “las manteníamos en el patio, ahora que hace más frío se hace en una sala de terapia a primera hora de la mañana que está recién desinfectada”, indica. Toma de temperatura, uso de bata, desinfección del calzado. Todas las medidas para evitar el Covid-19, son pocas. 

Los mayores sí que saben como disfrutar

¿Cómo pasan los días los mayores en la residencia? Actividades cognitivo-adaptadas a las necesidades de cada uno, a su cultura y a nivel educativo. Actividades terapéuticas y físicas, en grupo e individual. Carmen Gálvez es terapeuta ocupacional. Indica que “por la mañana tenemos entrenamiento en el baño y aseo personal”. Además, “se trabaja con ellos para que sigan siendo independientes, siempre con nuestra supervisión”. Y así, todos los días, de lunes a domingo.

A pesar de haber mantenido el virus lejos de sus residentes, “tenemos miedo” porque “estamos en contacto con el exterior, pero continuaremos poniendo todo nuestro empeño al igual que ellos se están portando muy bien”. 

Una abuela celebra la feria durante el confinamiento
Una abuela celebra la feria durante el confinamiento

Una de las fisioterapeutas, Clara Rabadán, cuenta que “estamos más tiempo con ellos, así no se sienten solos”. Pero no todo es actividades para mantener activos a los mayores. También las actividades lúdicas llenan las salas de San Juan de la Cruz. Bingo, cine, tómbola y ahora también misas los sábados. 

Esos buenos momentos son los que intentan que sigan vivos, en la medida de lo posible. La directora recuerda cómo celebraban cualquier día una fiesta. “Siempre hemos sido una familia y estamos deseando que pase todo esto para que sea lo mismo de siempre y con la misma alegría. Lo necesitamos”. 

Por vocación, jamás por obligación

Y es que los familiares pueden estar tranquilos y confiar en las manos que cuidan de sus abuelos. Respecto a los empleados, “lo hacen por vocación, jamás por obligación”, explica Nevado. La directora está muy orgullosa del equipo con el que cuenta en su residencia. 

“Son nuestra familia, si les pasa algo somos como sus hijos y lo sentimos como si nos pasara a nosotros mismos»

María del Carmen Nevado, directora de San Juan de la Cruz

Respecto a las noticias que aparecen de maltratos en otras residencias, añade que “me sorprenden mucho” y no puede creer que se traten “así a los mayores”. “No quiero que la gente piense que todas las residencias son iguales”. Asegura que “son nuestra familia, si les pasa algo somos como sus hijos y lo sentimos como si nos pasara a nosotros mismos. No quiero que ningún abuelo coja el covid ni ninguna otra enfermedad”. Y es que este amor es inevitable, “estamos todo el día con ellos y se les coge mucho cariño”. 

Las donaciones, una importante inyección de solidaridad

Sobre San Juan de la Cruz, “es una residencia sin ánimo de lucro, nuestro ánimo es que estén bien atendidos”, recuerda Nevado. “Ganar dinero no es lo más importante”. De hecho, la parroquia destina sus fondos para costear los epis y también “los familiares y gente de córdoba han colaborado con donaciones y todo aquello que hemos necesitado. Mascarillas, batas, buzos, tortas de aceite, caracoles, lejía, huevos, incluso un karaoke. Estas son algunas de las donaciones que han recibido estos últimos meses. “Si no hay beneficios no pasa nada, se pone todo lo que sea posible”. 

La Unidad Militar de Emergencias ayuda a desinfectar las instalaciones de San Juan de la Cruz
La Unidad Militar de Emergencias ayuda a desinfectar las instalaciones de San Juan de la Cruz

Y es que toda mano es imprescindible. Voluntariado, personal sustituto, de apoyo e incluso colaboraciones como la de la Unidad Militar de Emergencias (UME) que ayudaron a desinfectar las instalaciones de la residencia. Todas y cada una de estas manos, de estas personas, hacen que las residencias están libres de covid. Y lo más importante, que los abuelos vivan muchos años más y puedan contar una batalla más, cómo evitaron al coronavirus un 2020.

Javier Sánchez

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