Teatro y ópera se unen en Diva, una obra de Albert Boadella que lleva al escenario del Teatro Góngora los últimos años de María Callas

El creador catalán plantea un juego escénico en el que con pocos elementos (un piano, un diván, una pequeña columna que sostiene un tocadiscos)

María Callas
Foto: IMAE

El Teatro Góngora acoge mañana sábado un nuevo montaje de Albert Boadella, autor y director de esta obra que se sitúa a medio camino entre teatro y ópera: Diva, un espectáculo que retrata lo que pudieron ser los últimos días de la trágica vida de María Callas. Acogido con entusiasmo por el público y la crítica, el montaje está  interpretado por la soprano María Rey-Joly, en la piel de la genial cantante de ascendencia  griega, y el pianista y tenor Antonio Comas, que se desdobla en el papel de Ferruccio, su maestro repetidor, y de Aristóteles Onassis, el gran amor de la diva. La dirección musical, por su parte, corre a cargo de Manuel Coves.

Los dos protagonistas, cantantes y a la vez actores, recrean una historia que presenta a María Callas cuando se halla en el ocaso de su vida. La Divina, así bautizada por su tremendo talento vocal y dramático, reside en un hotel de París, encerrada y alejada de todo. Su voz ya no tiene nada que ver con lo que fue en otros tiempos, cuando el mundo se rendía ante la extraordinaria calidad de su canto y sus capacidades escénicas. La crítica se cebó con ella en sus últimas apariciones y no ha vuelto a cantar en público desde entonces. Aristóteles Onassis ha muerto, y la realidad de su decadencia como artista y como persona –la mujer que podía tenerlo todo pero que ahora grita y llora porque no tiene quien la quiera- la hace vivir un mundo de recuerdos, una realidad que ya no existe.

En el último tramo de su existencia la Callas desdeña el presente y fuerza a su pianista para que la acompañe en un imaginario repertorio que ya no podrá afrontar. También lo utiliza para crear una situación sadomasoquista: lo obliga a interpretar a Onassis, el hombre al que ha amado con absoluta entrega, y repite con Ferruccio sus momentos más apasionados y estelares. En su delirio, se imagina al magnate griego como pareja de los grandes dramas operísticos que ella protagonizó. Alguien que la mata o alguien con quien morir al final de la ópera. Es el inicio del camino hacia su propio y misterioso final, que muy pronto llegará según su voluntad. Con esta Diva, según la crítica, Boadella vuelve al “teatro con mayúsculas” y pone en pie una tragedia conmovedora, un espectáculo “imprescindible”. El creador catalán plantea un juego escénico en el que con pocos elementos (un piano, un diván, una pequeña columna que sostiene un tocadiscos) “consigue crear momentos de gran belleza y valor artístico”. “Espacio, ritmo, movimiento y trabajo actoral son manejados con precisión por el director y dramaturgo barcelonés para ofrecernos un espectáculo hermoso y delicado, con una arquitectura teatral impecable”.

La actuación de los protagonistas de la obra ha merecido también los elogios de los entendidos, tanto por su trabajo escénico como por el musical, encarnado este último por la interpretación ante el público de arias y dúos de famosas óperas cantadas por la Callas: Norma, Manon Lescaut, La Bohème, Tosca, Otello, Madama Butterfly o Il Trovatore, entre otras.